miércoles, 10 de febrero de 2016

Un aprendizaje para la vida

Por:  Yolanda Ortiz Acevedo

El éxito en la empresa y en la vida depende de un liderazgo eficaz.  Existen varios factores que contribuyen a desarrollar y fortalecer un camino emprendedor para maximizar el liderazgo.  En esta dinámica, expertos en el área, se dan a la tarea de perfeccionar cada día para servir de entes motivacionales a las demás personas y las organizaciones.  Uno de los peritos de la transformación y el cambio en las empresas y en las personas es Robin Sharma.  Sharma se destaca por colaborar en el desarrollo de líderes influyentes y triunfantes en las épocas de cambio.  A través de su libro “El líder que no tenía cargo”, pretende llevar un mensaje de enseñanza para el fortalecimiento del liderazgo; el desarrollo de oportunidades; el secreto de la innovación profunda y la influencia en las demás personas.
La lectura trata de una leyenda reflexiva que promueve la invitación del liderazgo sin importar la posición o estatus de la persona.  Comienza el capítulo aludiendo al éxito y al liderazgo como parte de la condición humana.  Sharma (2011) expone que “todos nosotros nacemos siendo genios; por desgracia, la mayoría de nosotros muere en la mediocridad.”[1]  El autor revela la importancia de fortalecer las convicciones, los valores y el respeto en sí mismos para cultivar el liderazgo y ser exitosos a través de la vida.  De esta forma, resalta la autoeducación como estrategia de supervivencia para enfrentar las adversidades y tiempos difíciles.  Por ende, se desarrollan personas líderes capaces de encarar el mundo con valentía y ahínco.
La fábula inicia con el personaje de Blake quien será el recipiente de principios importantes sobre el liderazgo por parte de grandes maestros.  Blake perteneció al servicio militar y tuvo grandes batallas, incluyendo la muerte de sus padres.  Experimentó momentos difíciles los cuales marcaron su vida.  Aún así, el destino lo ubica a trabajar en una librería a pesar de su actitud negativa y el comportamiento apático.  Sin embargo, aquél lugar representó una nueva oportunidad de realizarse como persona. 
El primer encuentro de transformación que experimenta Blake es con Tommy, una persona de edad avanzada quien le sirve de guía para encaminar su vida y convertirse en su mentor.  A través de Tommy, Blake recibe grandes aportaciones y enseñanzas sobre el liderazgo.  Ante la resistencia de Blake en su actual posición en la librería, Tommy le inquiere reflexiones adecuadas para la motivación y el compromiso genuino.  Resalta que “todos llevamos un líder interior, todos poseemos la capacidad natural para ser líderes y no tiene que ver con un alto cargo, ni con la edad, ni dónde vivimos.”[2]  En este sentido, le enfatiza sobre las posibilidades de dejar un legado; la calidad de trabajo y la excelencia de servicio como estrategias claves en una empresa.  El aporte inicial de Tommy se redujo en tres letras:  LSC, “Liderar sin cargo”.  Sin duda, el mentor de Blake resaltó el liderazgo como parte integral del ser humano en todos los aspectos de la vida.
El mentor conduce a Blake a la autorrealización como persona.  Emprende su primer viaje de aprendizaje sobre el liderazgo con Anna, una empleada de limpieza de uno de los hoteles mejores del mundo de Nueva York.  A través de Anna, Blake recibió el primer principio del liderazgo:  “No hace falta tener un cargo para ser líder.”  La maestra enfatizó en siempre dar lo mejor de uno mismo para crear resultados excepcionales en el lugar de trabajo.  Basó su filosofía en el acrónimo IMAGE, (Innovación, Maestría, Autenticidad, Gran Valor y la Ética).  Con sus postulados, Anna destacó la importancia de la imagen en la empresa concluyendo que: “el éxito del liderazgo se encuentra en la intersección entre la excelencia y la integridad.”[3]
La segunda conversación de liderazgo se centró en el siguiente principio:  “Las épocas turbulentas crean grandes líderes”.  A través de Ty Boyd, un esquiador destacado, Blake aprendió la importancia desafiar los miedos para obtener crecimiento y maximizar el potencial del liderazgo.  Con el acrónimo SPARK (Sinceridad, Priorizar, Adversidad, Responder y no Reaccionar y Kudos (ensalzar)), reconoció la responsabilidad de dominar el cambio e inspirar con la chispa de la energía a los demás.  El mentor puntualizó en la excelencia, en el buen trabajo, proporcionar lo mejor de uno y ser visionario.  Asimismo, el tercer maestro fue Jackson Chan, un jardinero visionario que colaboró con Blake a través de la siguiente enseñanza:  “Cuanto más profundas sean tus relaciones, más fuerte será tu liderazgo.”  Chan instó a Blake a liderar sin cargo con pequeños pasos y pronto se convertirán en hábitos.  Utilizó el acrónimo SERVE (Ser Servicial, Escuchar, Relacionarse, Valorar la Diversión y Estimar y Cuidar) para transmitir el mensaje principal de servir a los demás.  Recalcó el valor de todos los componentes de una organización y la fortaleza en el liderazgo.  Finalmente, Jet Brisley, masajista terapéutico, fue su cuarto maestro quien le transmitió el mensaje de:  "Para ser un gran líder, primero hay que ser una gran persona”.  Su aportación giró en torno al acrónimo SHINE (Saber Percibir, Hacer Ejercicio y Cuidar la Salud, Inspiración, Nutrir los lazos familiares, Elevar tu Estilo de Vida).  Jet acentuó en la transformación personal, en brillar y dejar huellas como parte de la aportación de ser líderes. Además, inculcó el interés de perfeccionarse desde el interior fortaleciendo el carácter y los actos diarios.
Ciertamente, el autor destaca que todos los seres humanos son capaces de liderar desde cualquier cargo que ocupen ya que poseen unas capacidades fundamentales.  De hecho, a través del mentor, Tommy censuró la conducta de ser víctima y promovió la ruta hacia la grandeza de un líder.  Este aspecto fue mostrado a través de la vida de Blake cuando recordaba su época de soldado e iniciaba sus lamentaciones por los eventos vividos, los cuales luego visualizó como una ayuda para fortalecerse como persona.  Así también, la enseñanza giró en torno de diversas filosofías para el trabajo y la vida de cualquier persona sin distinciones con las contribuciones de cuatro maestros:  Anna, Ty Boyd, Jackson Chan y Jet.  Sin dudas, el aprendizaje dictó la herramienta LSC, “Liderar sin cargo” como plataforma esencial para abordar el liderazgo, lo cual se basó en la influencia y en hacer lo mejor posible en cada situación.
En primer lugar, el autor demostró que cada persona puede ser un líder sin tener un cargo o posición asignado.  Este principio profundizó en la capacidad que tienen las personas en descubrir los placeres sencillos de la vida a partir del control de los pensamientos y la toma de decisiones correcta.  Asimismo, afianzó el desarrollo del potencial de liderazgo con la implantación de cuatro poderes naturales que promueven las virtudes de las personas, la confianza y la inspiración e influencia en los demás.  Evidentemente, el mensaje principal giró en torno a realzar los trabajos de la empresa con un espíritu de entrega y pasión, sentido de pertenencia y enfoque significativo.
Otro fundamento que transmitió Robin Sharma es la oportunidad de crear grandes líderes en periodos de crisis y caos.  Tal y como expresa el autor “las condiciones duras son oportunidades para convertirnos en héroes.”[4]  En este escenario es cuando el ser humano tiene la oportunidad de traspasar límites, mostrar valentía y desafiar el miedo para hacerse más fuerte como persona.  De esta forma, el liderazgo se enriquece y permite desarrollar destrezas y habilidades en bienestar de la organización.  Por otro lado, es esencial enfrentar los miedos y las limitaciones con el fin de adaptarse a los diversos escenarios.  Por ende, los líderes demandan estar en constante movimiento para expandir las posibilidades y los campos de acción en este mundo de continuo cambio.
Igualmente, es evidente que el liderazgo se fortifica a través de las relaciones y conexiones humanas.  El éxito del mismo se obtiene a través de la transformación de vidas con acciones y ejemplos.  En una organización, todos cuentan, todos son importantes para cumplir a cabalidad con las metas y objetivos proyectados.  El sentido del servicio es importante para lograr la productividad colectiva.  Para ello, se requiere mantener siempre la humildad y la sencillez como seres humanos.
Por otra parte, la última idea planteada por el autor, enfatiza en la importancia de entrenar y fortalecer el líder interior.  Ciertamente, no es posible dar algo que no se tiene en el momento.  Por lo tanto, es esencial fortalecer el liderazgo personal para contribuir a cambiar el mundo.  Es necesario enfocar los nuevos hábitos y acciones en pro de ser una mejor persona.  Se requiere a su vez, constantemente recordar los grandes objetivos que corresponden a las pequeñas acciones y la paciencia continua.
Cada una de las prácticas presentadas por el autor son ricas en enseñanzas.  Más aún, representan una exhortación a aspirar siempre a la perfección comenzando con pequeños pasos que se convertirán en hábitos.   Todos los seres humanos tienen la oportunidad de liderar sin cargo, enfrentando desafíos y las necesidades de la humanidad.  Sólo se requiere el deseo de implicarse y el compromiso de dejar un legado a la sociedad.
Referencia
Sharma, R. (2011).  El líder que no tenía cargo:  Una fábula moderna sobre el éxito en la
empresa y en la vidaNew York, NY:  Vintage Español.



[1] Sharma, R. (2011).  El líder que no tenía cargo:  Una fábula moderna sobre el éxito en la empresa y en la vida.  pp. 15.  New York, NY:  Vintage Español.
[2] Sharma, R. (2011).  El líder que no tenía cargo:  Una fábula moderna sobre el éxito en la empresa y en la vida.  pp. 37.  New York, NY:  Vintage Español.
[3] Sharma, R. (2011).  El líder que no tenía cargo:  Una fábula moderna sobre el éxito en la empresa y en la vida.  pp. 117-118.  New York, NY:  Vintage Español.
[4] Sharma, R. (2011).  El líder que no tenía cargo:  Una fábula moderna sobre el éxito en la empresa y en la vida.  pp. 124.  New York, NY:  Vintage Español.

martes, 9 de febrero de 2016

El líder educativo como agente de cambio

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

La educación actual requiere de líderes responsables capaces de impulsar medidas y estrategias que redunden en beneficio del entorno educativo.  Para ello, resulta necesario una cultura educativa receptiva a los cambios sociales y con la capacidad de voluntad y determinación para optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje.  Es indispensable mantener el enfoque adecuado y la actitud positiva para un quehacer educativo exitoso.  En ese aspecto, Unceta (2008) expresa que “si se pretende que los centros educativos constituyan un lugar central en la transmisión del conocimiento y de los valores sociales dominantes en cada sociedad, es fundamental que la actividad que en ellos se desarrolla resulte congruente con su entorno social”.  (p. 419)  Sin dudas, los entornos educativos deben ser dirigidos por líderes efectivos que se promuevan como agentes de cambio ostentando un estilo de liderazgo eficaz.  De esta manera, se puede responder contundentemente a la resistencia de algunos componentes escolares.
            La situación pedagógica de estudio presenta un director en vía de implementar un nuevo proceso tecnológico en un plantel escolar.  Al presentar el proceso a su equipo de trabajo en una reunión se percata que tiene opiniones encontradas sobre el asunto.  Por un lado, parte del equipo acoge efusivamente el nuevo proceso tecnológico a implantarse y la otra parte, se resiste a aceptarlo.  Evidentemente, este choque de opiniones crea un disloque en el clima escolar y coloca en riesgo el objetivo que pretende lograr el director del plantel.  Cabe señalar, que la medida del director se encamina a apoyar el ámbito educativo con la tecnología para maximizar el proceso de enseñanza y aprendizaje.  En ese sentido, un líder educativo vanguardista asume un rol protagónico en la implementación de nuevas estrategias que incidan en un mejor proceso educativo.  Dussel y Quevedo (2010) plantean que el dominio de los alumnos con nuevas tecnologías supone un desafío para los docentes.
            La implementación de estrategias, metodologías y herramientas tecnológicas convierten el centro escolar en uno vanguardista.  De igual manera, el estudiante actual requiere de una educación impulsada por tácticas innovadoras de enseñanza a tono con las nuevas tendencias de la tecnología que maximicen su aprovechamiento académico.  Asimismo, es preciso reconocer que los avances tecnológicos inciden dramáticamente en los entornos sociales provocando constantes cambios.  En ese contexto, la educación debe cumplir con su función social de desarrollar un ser humano presto para responder positivamente al ambiente social.  Para Dussel y Quevedo (2010): 
“El cambio tecnológico y el giro cultural que se ha vivido en los últimos treinta años representan para la escuela un desafío diferente del que hasta ahora se venía planteando, ya que en varios sentidos, ponen en cuestión sus principios básicos, sus formas ya probadas de enseñanza-aprendizaje, su estructura organizacional y edilicia, así como las capacidades de quienes están al frente de los procesos educativos”.  (p. 63)
            Por otra parte, el líder educativo es un ente de cambio que requiere de destrezas esenciales que propicien un centro educativo de calidad.  Evidentemente, el estilo de liderazgo eficaz en un líder ejerce una influencia en los seguidores.  Como consecuencia, los líderes son capaces de implantar numerosas y variadas estrategias logrando una organización efectiva y atemperada a los cambios.  En ese contexto, los escenarios educativos demandan nuevos modelos de enseñanza pertinentes al alumnado actual.  Por ende, el líder educativo debe fomentar un clima organizacional efectivo a través de una gobernanza democrática y participativa en el centro escolar.  De igual manera, debe inmiscuirse en el proceso enseñanza-aprendizaje a través de una efectiva supervisión.  Asimismo, debe procurar la integración de todos los componentes escolares en la confección, establecimiento y logro de las metas institucionales.
            De acuerdo al exponente, un líder debe presentar rasgos que complementen sus destrezas de promoción hacia un escenario educativo eficaz y vanguardista.  Las características del líder deben fomentar un centro escolar capaz de comprender, aceptar e implantar los cambios para beneficio del alumnado.  Sin dudas, se puede lograr a través de un líder que:  comunique efectivamente; mantenga un compromiso inquebrantable con el servicio en el plantel; ostente el carácter para asumir posturas y tomar decisiones; y promueva los más altos estándares éticos y morales en su desempeño.  En ese contexto, Gento y Cortés (2011) exponen que entre los rasgos que debe presentar un líder educativo deberían estar un compromiso de servicio hacia los demás, el control de las emociones, atención a los detalles, aceptación de la responsabilidad, sinceridad, honestidad, lealtad a la institución, aprendizaje de los errores y aceptar el riesgo.  Asimismo, lo plantea Senge, et al. en Brooks y Southerland (2014) “los líderes eficaces para un cambio duradero aprenden sobre sus sistemas de organización, utilizan el conocimiento y el capital social-político, y motivan a los miembros de su organización para aprender juntos para un cambio positivo”.  (p. 341)
            Por su parte, la resistencia al cambio es una respuesta innata y predecible en todas las organizaciones.  El temor por lo desconocido, la incertidumbre de innovar y la falta de una comunicación efectiva entre el líder y los miembros de una institución, son factores que conducen a la resistencia a los cambios.  Evidentemente, existen escenarios educativos afectados por los factores de resistencia que involucran al líder, los docentes, padres y demás componentes escolares.  Para Paredes (2004) “las escuelas, aunque parezca lo contrario, son organizaciones más complejas que las empresas.  Están construidas sobre relaciones y estas relaciones preservan muy fuertemente el statu quo”.  (p. 739)  Por ende, es indispensable que el líder educativo impulse diversas estrategias de forma asertiva para erradicar la resistencia al cambio en el escenario escolar.  Cada integrante educativo debe comprender que el cambio se lleva a cabo para reforzar las experiencias exitosas y subsanar los errores.  En ese contexto, el líder educativo debe promover una comunicación efectiva entre los miembros del plantel.  De igual manera, es necesario cultivar una toma de decisiones participativa en la que todos los componentes educativos conozcan la dirección del entorno escolar.  Además, es indispensable proveer al docente las herramientas necesarias para un continuo desarrollo profesional.  A parte de que es esencial el proceso de evaluación continua en los escenarios educativos para determinar fortalezas y debilidades que inciden en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
            El autor considera que una situación pedagógica como la planteada debe atenderse responsablemente para fomentar un entorno vanguardista y potenciar la formación académica y profesional.  La pertinencia de impulsar el cambio en el escenario educativo como líder y agente de cambio conduce a nuevas oportunidades educativas al estudiantado; mejorar la calidad de enseñanza; promover la comunicación entre los componentes y facilitar el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación para crecimiento y avance profesional.  Es necesario la concienciación de todos los componentes escolares sobre el proceso dinámico que debe permear en los escenarios educativos.  De esta manera, se adapta la educación a la realidad social del alumnado y sus necesidades.  Asimismo, el director escolar ante una situación pedagógica como la presentada debe plantear los retos del nuevo paradigma y el acceso al conocimiento que redunden en una calidad educativa.  Todos los cambios en los entornos educativos deben ser fundamentados por los factores que podrían colocar en riesgo el quehacer educativo.  Así también, la solución de problemas, la atención al riesgo de fracasar y la adaptación del escenario educativo a la realidad del alumnado son factores que requieren de una toma de decisiones participativa.  Por ende, el director escolar debe involucrar a su equipo de trabajo en la búsqueda de soluciones a los problemas del plantel.  De esta manera,  los componentes escolares se sienten parte del proceso decisional que les afecta aceptándolo, defendiéndolo e implantándolo.  Para Gento (2002):
“líder es aquella persona (o grupo de personas) capaz de provocar la liberación, desde dentro, de la energía interior de otros seres humanos, para que éstos voluntariamente se esfuercen por alcanzar, del modo más eficaz y confortable posible, las metas que dichos seres humanos se han propuesto lograr para conseguir su propia dignificación y la de aquellos con quienes conviven en un determinado entorno y contexto al que prestan el necesario cuidado.”  (p. 183)
            Ciertamente, los escenarios educativos deben promover una cultura de adaptación al cambio.  Los contextos sociales demandan que la educación sea adaptable a sus necesidades sin descuidar cuál es su función social.  Por ende, en los centros educativos debe existir una apertura a la innovación social con los nuevos entornos de aprendizaje basados en la tecnología.  Gialamas, Pelonis y Medeiros (2014) exponen que: 
“El cambio organizacional puede y debe ocurrir en varios niveles:  adaptación de nuevos programas; nivel de estudio; e implementación de nuevas estrategias metodológicas.  Sin embargo, un cambio sostenible debe ocurrir en un nivel más profundo para solucionar algún factor que está afectando la institución.  Además, a través del cambio los miembros deben aportar nuevas formas de pensar, comportarse, creando conocimientos e interactuando con los demás para lograr las metas y objetivos establecidos en armonía con los objetivos profesionales de cada componente escolar”.  (p. 74)
  Por su parte, es necesario que todo líder educativo maneje adecuadamente la resistencia al cambio.  En ese contexto, debe presentar características y habilidades que le permitan ostentar un estilo de liderazgo influyente sobre los miembros de la organización.  Murillo (2006) plantea que:
Un centro se desarrolla cuando incrementa los aprendizajes de sus alumnos, reuniendo de manera conjunta tanto la labor del aula como la del centro.  La mejora del centro depende de la acción coordinada de los propios implicados.  El directivo identifica, establece acuerdos y metas deseables, estimulando y desarrollando un clima de colaboración, apertura y confianza, lejos de la competitividad entre las partes”.  (p. 19)




Referencias
Brooks, J. & Sutherland, I. (2014).  Educational leadership in the Philippines: Principals
perspectives on problems and possibilities for change.  Planning & Changing.  45(3/4).  339-355.  Recuperado de http://search.proquest.com.nuc.idm.oclc.org/docview/1719405356/fulltextPDF?accountid=144835
Dussel, I. & Quevedo, L.  (2010).  Educación y nuevas tecnologías: los desafíos
pedagógicos ante el mundo digital.  Recuperado de http://flacso.org.ar/publicaciones/educacion-y-nuevas-tecnologias-los-desafios-pedagogicos-ante-el-mundo-digital/
Gento, S. (2002).  Instituciones Educativas para la Calidad Total.  Madrid:  La Muralla
Gento, S. & Cortés, J.  (2011).  Formación y liderazgo para el cambio educativo.
Recuperado de http://www.leadquaed.com/docs/artic%20esp/ Liderazgo%20para%20el%20cambio%20educativo.pdf
Gialamas, S., Pelonis, P., & Medeiros, S.  (2014).  Metamorphosis:  A collaborative
leadership model to promote educational change.  International Journal of Progressive Education.  10(1).  73-83.  Recuperado de http://web-b-ebscohost-com.nuc.idm.oclc.org/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=a0ac70c3-0c55-4bbb-bdd0-bf16b19aa9db%40sessionmgr113&vid=1&hid=115
Murillo, F.  (2006).  Una dirección escolar para el cambio del liderazgo transformacional
al liderazgo distribuido.  Revista electrónica iberoamericana sobre calidad, eficacia y cambio en educación.  4(4e).  11-24.  Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55140403
Paredes, J.  (2004).  Cultura escolar y resistencias al cambio.  Tendencias pedagógicas. 9.
737-742.  Recuperado de http://www.tendenciaspedagogicas.com/revista_numero.asp?_numero=09
Unceta, A.  (2008).  Cambios sociales y educación:  notas para el debate.  Revista de

educación.  347.  419-432.  Recuperado de http://m.redined.mecd.gob.es/xmlui/handle/11162/72310

miércoles, 3 de febrero de 2016

La importancia de garantizar los aspectos éticos y legales en una institución educativa

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

Los entornos educativos tienen la responsabilidad de promover el desarrollo integral del ser humano, garantizar la inclusión y respetar la equidad de género.  La aspiración de la educación debe estar enmarcada en la formación de una sociedad que suscite:  la tolerancia a la diversidad; el respeto a la dignidad; la defensa de la justicia; y la construcción continua de la lealtad.  Además, las instituciones de educación están llamadas a avalar un quehacer educativo exitoso académica y socialmente.  Por ende, la discriminación en una institución interrumpe la faena educativa e incursiona en proceso de hostilidad y de fracaso que concluye con problemas legales o judiciales, violación de derechos constitucionales y un clima escolar tenso.  En el ambiente escolar es vital que se fomente las relaciones sociales y el respeto por todos. En este aspecto, Romero (2009) plantea que “la escuela si bien puede ser un excelente mecanismo para el cambio cultural, de hecho lo fue, es al mismo tiempo un dispositivo muy claro de la reproducción cultural del sistema social”.  (p. 4)
            En un estudio de caso contra un instituto de cosmetología en Puerto Rico se puede contemplar cómo las acciones y ejecución colocan de manifiesto la discriminación.  En el verano de 2010 una joven madre soltera fue admitida a cursar estudios de cosmetología en el “Modern Hairstyling Institute, Inc.”  Esta joven madre estaba desempleada y pretendía estudiar para obtener más oportunidades de empleo.  El instituto admitió a la joven, pero al conocer que la estudiante era VIH positivo retiró su oferta de estudio.  La perjudicada acudió a la American Civil Liberties Union (ACLU) en Puerto Rico y se le ordenó al instituto matricular a la joven madre ya que su acción era ilegal.  La institución hizo caso omiso de la decisión de la ACLU y no matriculó a la perjudicada.  En su lugar, radicó una demanda en el Tribunal Federal solicitándole que declarara que el instituto no tenía obligación de cumplir con la Ley ADA por estar exentos en casos de estudiantes VIH positivo.  Posterior, la ACLU radicó una querella formal al Departamento de Justicia de Estados Unidos por entender que el “Modern Hairstyling Institute, Inc.” discrimina contra personas con VIH ya que se encontró la existencia de otro caso similar.  El Departamento de Justicia transigió el caso y la perjudicada fue matriculada  y compensada económicamente.  La penalidad a la institución consistió en pagar una multa federal y comprometerse a desistir de dicha conducta discriminatoria.
            Es indispensable reconocer que la discriminación atenta contra el desarrollo integral del ser humano.  En el estudio de una situación pedagógica, el exponente planteó que:  “Todo trato de inferioridad en el quehacer educativo puede provocar fracaso académico y afectar la autoestima del perjudicado”.  En Puerto Rico, la Constitución en el artículo 2 en su sección primera establece lo siguiente:  “La dignidad del ser humano es inviolable. Todos los hombres son iguales ante la Ley. No podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas”.  De igual manera, la sección 8 expone:  “Toda persona tiene derecho a protección de ley contra ataques abusivos a su honra, a su reputación y a su vida privada o familiar”.  En el caso presentado, estas dos disposiciones del principal documento legal de Puerto Rico fueron violadas.  Sin dudas, se atentó contra la dignidad de la estudiante al ser expulsada por la institución debido a razones de salud.  Ciertamente, dicha condición no es impedimento para brindarle la oportunidad de estudios a la estudiante y tampoco representa riesgo para la población estudiantil.  Además, el instituto actuó de manera arbitraria con la joven madre tras no cumplir con la orden de la ACLU de matricularla nuevamente y acudir al Tribunal Federal. 
El líder educativo es un ente clave en el proceso de formación del individuo.  Sin dudas, se requiere que el liderazgo dentro del contexto escolar esté enmarcado en el aprendizaje continuo; los valores constitucionales y el cumplimiento de la política pública de la organización.  En este esfuerzo, es necesario reconocer que los componentes educativos, docentes, estudiantes, personal no docente y padres, son parte del medio ambiente que rodea la institución.  Por ende, el líder educativo debe promover una educación inclusiva y de calidad que garantice los derechos en igualdad de condiciones.  La actitud y las ejecutorias sobre el caso por parte del “Modern Hairstyling Institute, Inc.” fueron discriminatorias y se atentó contra los derechos civiles de la perjudicada.  Utilizar una condición de salud para impedir su proceso educativo va en detrimento de la dignidad de un ser humano.  En una circunstancia como la presentada la función de todo líder es garantizar a la estudiante un proceso educativo adecuado.  Vega (1999) plantea que:
“Es necesario recordar que la educación no es ajena a ninguna problemática que aparezca en la sociedad por compleja que sea ésta.  Donde hay personas por medio, la educación tiene algo que decir, al interesarse por el pleno desarrollo de los individuos dentro de las propias circunstancias”.  (p. 2)
            El manejo de un caso como el presentado requiere que el líder educativo promulgue los más altos estándares éticos.  Es necesario llevar a cabo un proceso correcto y justo para garantizar el derecho que le cobija a la perjudicada.  En primer lugar, cuando el instituto conoció sobre su condición de salud, el líder educativo debió impartir las instrucciones correspondientes para mantener la matrícula de la estudiante activa.  Además, era necesario una reunión con la estudiante para conocer detalles de algún aspecto que pudiera impedir un desempeño académico adecuado sin entrar en los méritos de la condición.  De igual manera, en vías del servicio estudiantil, la joven se hubiese beneficiado del personal de apoyo de la institución recibiendo ayuda emocional y  orientaciones sobre diversos programas existentes.  Asimismo, el líder educativo tendría la oportunidad de establecer interna y confidencialmente un protocolo sobre el manejo de situaciones en estos temas y aplicarlo en otros casos futuros. 
Por su parte, el líder educativo tiene la responsabilidad de velar por el fiel cumplimiento de las normas y la política pública de cualquier agencia.   En esencia, debe conocer el funcionamiento a cabalidad de los supervisados y conocer sobre las decisiones que inciden en la organización.  Evidentemente, en el caso de estudio, los representantes situaron la institución en una posición delicada y frágil ante la perjudicada, autoridades gubernamentales y la población estudiantil.  Posiblemente, surge a consecuencia del desconocimiento en cómo manejar casos de esta índole; la falta de controles en los reglamentos; y la carencia de asesoría continua.  Desde esta perspectiva, es necesario el adiestramiento continuo para todos los componentes de la institución en el manejo de casos como el presentado.  Además, es importante que los reglamentos estén atemperados a las necesidades y particularidades de la población estudiantil.  Un dato significativo es auscultar la posibilidad de tomar medidas disciplinarias por no defender los intereses de la organización y privar a un estudiante de una educación adecuada.  En este aspecto, es importante recalcar a todos los componentes en una institución educativa que no es permisible coartar los derechos constitucionales al ser humano.  De igual manera, deben reconocer la función social de la educación como herramienta de progreso en los países.  Todo entorno educativo debe promover la educación inclusiva como vehículo de éxito en su estudiantado.  Murillo et al. (2010) plantean que:
“Una educación equitativa y de calidad es, por definición, una educación inclusiva, en tanto tiene el imperativo ético de garantizar el acceso, la plena participación y el aprendizaje de todos y cada uno de los estudiantes, independientemente de sus diferencias personales y su procedencia social y cultural”.  (p. 171)
            Todo líder educativo debe salvaguardar los aspectos éticos y legales en la institución.  Partiendo de esta premisa, el líder contribuye con el progreso y la excelencia educativa.  Sin dudas, exponer a un entorno educativo al incumplimiento de leyes y reglamentos lo llevaría al fracaso con consecuencias nefastas.  De igual manera, la función social de la educación a través del desarrollo integral del ser humano está fundamentada en valores éticos como:  justicia, respeto, dignidad y civismo.  Una institución educativa que no promueva dichos valores no puede cumplir con su meta educativa y social.  En ese sentido, es importante que el líder educativo asegure que su institución garantice el derecho a una educación adecuada e inclusiva.  Por ende, la comunicación y supervisión efectivas son determinantes para mantener un entorno educativo que cumpla con su encomienda ética y legal.  Asimismo, la importancia de mantener su personal adiestrado es fundamental para evitar malas prácticas en el quehacer educativo que dan apertura a casos judiciales contra la institución.  Finalmente, el líder educativo debe promover los más altos estándares éticos y morales en el manejo de su organización:  apertura a la diversidad; justicia en la toma de decisiones; y respeto a la dignidad del ser humano.
Referencias
Murillo, F., Krichesky, G., Castro, A. & Hernández, R.  (2010).  Liderazgo para la
            inclusión escolar y la justicia social.  Aportaciones de la investigación.  Revista
            latinoamericana de educación inclusiva.  5.  169-186.  Recuperado de
            http://www.rinace.net/rlei/numeros/vol4-num1/art8.pdf
Romero, G.  (2009).  Educar en valores:  evitar la discriminación en el aula.  Innovación
y experiencias educativas.  16.  1-10.  Recuperado de
Vega, A.  (1999).  La escuela ante el SIDA y sus consecuencias. Profesorado revista de
            currículum y formación del profesorado.  3(2).  1-13.  Recuperado de

            https://www.ugr.es/~recfpro/rev32COL1.pdf

viernes, 29 de enero de 2016

La importancia de la ética en la educación

Por Heriberto Rodríguez Adorno

El contexto social actual requiere de una educación vanguardista con un personal docente capaz de promulgar y modelar los más altos estándares éticos y morales.  En ese sentido, la formación del docente debe estar enmarcada en este argumento para así desarrollar líderes que aspiren a ser verdaderos agentes de cambio.  Es importante reconocer que los valores son influenciados, según Izarra (2006), por cinco elementos:  el ambiente físico;  el ambiente cultural;  el medio social; el conjunto de necesidades, las expectativas, las aspiraciones y posibilidades de cumplirlas; y el tiempo y espacio de la situación.  Por ende, es indispensable una formación ética para lograr entornos educativos que puedan transformar las comunidades.
            Wesley (2009) en su artículo “Back to the Future: How and Why to Revive the Teachers College Tradition” plantea que la profesión docente ha disminuido su tradicional filosofía moral.  El autor expone que la pobre formación moral en el educador ha influenciado para tal deterioro.  Wesley (2009) presenta tres postulados para regresar a los aspectos tradicionales en el docente:  el entendimiento del pasado; el futuro de la profesión docente depende de la reparación de los fundamentos morales; y el planteamiento de demostrar cómo la profesión docente resurge a través de la escuela, hogar y comunidad.  De igual manera, el autor expresa que se debe utilizar el conocimiento adquirido para elevar la importancia de la formación docente.  Asimismo, el artículo plantea que las universidades no han cumplido con los objetivos de formación de los docentes para las que fueron creadas.  En ese aspecto, el autor resalta la importancia de tener un plan de estudios de alta calidad que debe integrar lo que se debe enseñar y cómo se debe enseñar.  Wesley (2009) concluye que es necesario crear en los docentes líderes de las comunidades construyendo relaciones en dos direcciones:  hacia el exterior de las escuelas; y hacia adentro con la facultad y administradores.
            Un liderazgo efectivo en el entorno escolar está enmarcado en un código de ética.  Martino & Naval (2013) establecen que “los profesores necesitan una ética profesional que aborde el papel que se les asigna socialmente como transmisores de conocimientos y cultura, así como suscitadores de personas críticas, con curiosidad intelectual, honestidad, entre otras”.  (p. 161)  En Puerto Rico y Estados Unidos la función docente está regida por códigos de éticas y estándares profesionales que establecen las aspiraciones de sus sistemas educativos.  Para el sistema educativo norteamericano es indispensable:  el mérito y la dignidad de cada persona; la búsqueda de la verdad; aspirar a la excelencia; adquirir conocimiento; disciplina de una ciudadanía democrática.  De igual manera, el interés principal del educador es el desarrollo del estudiante.  Asimismo, el docente debe tener un crecimiento profesional, ejercer un buen juicio y mantener una integridad profesional.  Por su parte, en Puerto Rico el código de ética está reconocido por los estándares profesionales que rigen la función docente.  El sistema educativo puertorriqueño establece que sus educadores:  conozcan la asignatura que están ofreciendo; demuestren conocimiento pedagógico; utilicen estrategias instruccionales innovadoras; creen verdaderos ambientes de aprendizajes; propicien un proceso de evaluación y assessment adecuado; mantengan una comunicación y lenguaje efectivo; respeten la diversidad y necesidades especiales; integren la tecnología; mantengan una relación con la familia y la comunidad; y un desarrollo profesional constante.
            El educador tiene una responsabilidad de relevancia a través del desarrollo integral del alumno.  Wesley (2009) plantea la necesidad de otorgar las herramientas necesarias hacia la formación del docente y así capacitarlo para atender una sociedad matizada por los constantes cambios.  Martino & Naval (2013) plantean que “el hombre íntegro, entero, no es un conglomerado de actividades diversas sino un ser capaz de poner su propio sello personal en las diferentes manifestaciones de su vida”.  (p. 167)  Para lograr esa aspiración, el profesional docente debe difundir altos estándares éticos y modelar valores morales en su quehacer diario.  En ese sentido, Prieto (2007) expone que “los docentes y las docentes están obligados a actuar éticamente siempre. Lo único que se determina, entonces, permanentemente en todo proceso educativo es la eticidad o moralidad”.  (p. 4)
            En el artículo de Wesley (2009) se pueden identificar dos controversias.  En primer lugar, utilizar un proceso de evaluación inadecuado podría generar grandes polémicas educativas en los entornos escolares.  El maestro debe utilizar procesos evaluativos con sus estudiantes que representen verdaderos valores éticos del quehacer educativo y ejerzan buen juicio e integridad profesional.   Sin dudas, un proceso de evaluación adecuado le permite al educador una retroalimentación que conduce al éxito educativo.  Otra controversia que se puede desprender del artículo es la falta de una formación en valores para el educador.  Ciertamente, es el docente el actor principal en el desarrollo y ejecución del currículo.  En consecuencia, su desempeño debe estar enmarcado en una conducta ética intachable y la promoción de valores morales.  Ochoa & Peiró (2012) exponen que la formación de los docentes es fundamental, pues son ellos quienes a través de su práctica cotidiana ponen en marcha o no los cambios en el currículo, deciden, piensan y sienten en las diversas situaciones de la enseñanza.
            La educación está basada en distintas teorías educativas y ha ido evolucionando en su función social en el desarrollo de las capacidades del ser humano.  Kohlberg (1992) estableció la teoría de desarrollo moral.  El teórico expone que es importante conocer cómo el individuo razona ante situaciones morales y la necesidad de establecer etapas durante su aprendizaje que vayan reformulando su percepción de dichas situaciones.  Explica además que, uno de los tipos de currículo es el implícito.  Este tipo de currículo plantea que existe una integración de las relaciones sociales en el salón y la escuela con las actitudes, valores, formas de pensar y el comportamiento.  Dicha integración constituye un parte fundamental del aprendizaje.  En relación a estos dos principios, la teoría de desarrollo moral y el currículo implícito, es necesario destacar la importancia de tener docentes que modelen una ética educativa, profesional y personal.  De esta manera, desarrollamos en el alumnado las capacidades morales que garanticen su desempeño en la sociedad.
            Ciertamente, el mundo actual precisa de seres humanos íntegros.  El entorno escolar tiene el compromiso cada vez mayor de no tan sólo proveer conocimientos, sino fomentar los valores en el proceso de enseñanza aprendizaje.  Una sociedad vanguardista es aquella cuyos ciudadanos modelen valores supremos:  justicia, respeto, civismo, solidaridad, bondad, entre otros.  En ese sentido, el profesional docente es fundamental para lograr esa aspiración.  La postura ética debe ser constante y coherente para provocar cambios significativos y un ambiente educativo de calidad.  Por ende, el planteamiento del artículo de Wesley (2009) sobre la importancia que la educación regrese a su filosofía moral tradicional es correcto.  De igual manera, la formación del educador es determinante para lograr una educación que aspire a lograr los más altos principios éticos y morales en el ser humano.  Prieto (2007) plantea que: 
“La función del docente además de enseñar, debe ser la de inducir a sus estudiantes a la vida moral. Hacerlo con mayor eficacia conduce a suponer que este profesional está en actitud de respetar la personalidad del educando. Las instituciones de formación y actualización de docentes tienen la responsabilidad de prepararlos con el mayor rigor posible en el área filosófica, tomando en cuenta el estudio de las diversas concepciones acerca del ser del hombre y de la mujer, concepciones en las cuales descansan, a su vez, las respuestas éticas”.  (p. 5)
            La educación, la ética y la moral están estrechamente relacionados.  Sin dudas, el ser humano tiene su primera formación ética y moral en su hogar.  Sin embargo, el exponente entiende que a medida que el individuo va acumulando experiencias durante su desarrollo y crecimiento, se va reformando moral y éticamente.  Por esta razón, el entorno escolar es fundamental para el desarrollo integral del alumnado.  Izarra (2006) expone que: 
“Se reconoce que parte de la formación de los valores fundamentales ocurre durante la infancia y al abrigo de la familia, pero ésta se prolonga a lo largo de toda la vida, de allí que en su formación juega un papel de primera importancia la educación formal (básica, media diversificada y profesional e incluso más allá) y por consiguiente, puede afirmarse que la adquisición de los valores es un proceso que abarca una porción considerable de la vida de los individuos”.  (p. 15)
Asimismo, la ética profesional docente comprende una revisión interna y un proceso de crecimiento a lo largo de la vida.  De esta forma, se logra reforzar los principios en los alumnos, la integración social y la formación integral de los ciudadanos.  Para Martino & Naval (2013) los entornos escolares deben desarrollar:
“…la integración social de todos los alumnos, el fortalecimiento de vínculos de amistad, el respeto a las diferencias y a los alumnos débiles, el cuidado de la alfabetización emocional, la participación de los alumnos en las actividades escolares, el aprendizaje a través de formas de cooperación entre iguales, el apoyo de los alumnos más aventajados a los que tienen dificultades de aprendizaje, la defensa de la paz, del medio ambiente y de la igualdad de las personas sea cual sea su religión, raza, etnia, cultura, origen, sexo, etc. También, en este sentido cobran importancia determinadas actividades de trabajo comunitario, como elementos necesarios para construir comunidades escolares basadas en la responsabilidad y en el comportamiento solidario”.  (p. 167)

 Referencias
Izarra, D.  (2006).  Ética en la formación docente.  Laurus.  12(21).  9-22.  Recuperado de
            http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=76102102
Martino, S. & Naval, C.  (2013).  La formación ética y cívica en la universidad:  el papel
de los docentes.  Edetania.  43.  161-186.  Recuperado de dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4406440.pdf
Ochoa, A. & Peiró, S.  (2012).  El quehacer docente y la educación en valores.  Tesi. 
13(3).28-48.  Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=201024652002
Prieto, A.  (2007).  El profesorado universitario:  su formación como modelo de
actuación ética para la vida en convivencia.  Actividades investigativas en educación.  7(2). 1-20.  Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=44770202
Wesley, N.  (2009).  Back to the Future: How and Why to Revive the Teachers College
Tradition.  Journal of Teacher Education.  60(5).  443-449.  Recuperado de  http://itec.macam.ac.il/portal/ArticlePage.aspx?id=1624


miércoles, 27 de enero de 2016

La necesidad de un liderazgo efectivo en ambientes escolares

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

     Los entornos escolares son impactados por los acelerados cambios sociales.  El quehacer educativo debe adaptarse a dichos cambios para atender las necesidades del alumnado.  En ese sentido, el líder educativo debe promover un clima escolar adecuado a través de un estilo de liderazgo eficaz.  Sin dudas, las cualidades de un líder influyen en un centro escolar.  Vázquez (s. f.) plantea que:
“El liderazgo desempeña un papel fundamental en la organización educativa, se valora como “necesario y esencial” para el buen funcionamiento de los centros. Tal es la significatividad que adquiere, que se le atribuyen funciones como: crear un clima satisfactorio, potenciar relaciones positivas, fomentar la participación, aunar y armonizar intereses colectivos, tomar decisiones y resolver conflictos”.  (p. 6)
            El artículo “Leadership and learning:  Identifying an effective design for mentoring new building leaders” plantea la importancia de que los nuevos líderes de centros escolares sean dirigidos por directores experimentados y exitosos en sus primeros años.  El artículo presenta el modelo de mentoría para nuevos directores escolares utilizado en Kansas.  Dicho modelo tiene como misión el compartir recursos para apoyar el crecimiento profesional de líderes educativos.  A su vez, se creó el instituto de liderazgo educativo de Kansas que tiene como objetivos:  crear y fortalecer la capacidad de liderazgo en el director escolar; buscar diferentes opciones a las necesidades de cada escuela; incorporar opiniones de expertos y profesionales; ayudar a los nuevos directores escolares a entender las necesidades de la escuela; establecer un plan de cinco años; y cumplir con los requisitos de licencia del distrito escolar.  El Departamento de Educación de Kansas reconoció dicho instituto como un centro de aprendizaje profesional y consideró que todo director o superintendente debe cumplir con los requisitos del instituto para obtener la licencia profesional.
            El centro de aprendizaje profesional aceptado en Kansas como herramienta eficaz de desarrollo de nuevos líderes educativos diseña seminarios sobre temas de actualidad e iniciativas innovadoras aceptadas por el estado local y federal.  El proceso de desarrollo profesional para los nuevos directivos escolares está basado en los siguientes principios:  formar una visión de éxito académico para todos los estudiantes; crear una cultura de aprendizaje; desarrollar la capacidad de liderazgo en otros; y desarrollar relaciones positivas.  Asimismo, la mentoría debe ser fundamentada en:  cambiar los procesos y fomentar una mejor escuela; utilizar datos eficazmente para una atinada toma de decisiones; y proporcionar el desarrollo profesional.  Bajo este modelo, los directores con logros adjudicados proporcionan sus conocimientos y experiencias para orientar, guiar y encaminar a los nuevos directores escolares de acuerdo a las necesidades, fortalezas y debilidades de sus escuelas.
            En la actualidad, existe una necesidad apremiante de que los escenarios educativos sean guiados por líderes eficaces ante los retos que enfrenta la educación en un mundo dominado por la globalización y los constantes cambios.  En ese contexto, Gros et. al. (2013) plantean que:
“Lograr un aprendizaje de calidad adecuado a las exigencias de la sociedad del conocimiento y atender estudiantes y familias cada vez más diversos genera nuevas expectativas en el mundo de la educación en general y en el de los centros en particular”.  (p. 2)
Asimismo, los escenarios educativos requieren de un clima práctico para lograr con éxito las metas establecidas.  En ese sentido, el líder educativo debe promover una cultura escolar participativa, democrática e inclusiva.  De acuerdo a Fernández y Hernández (2013):
“La escuela del siglo XXI se encuentra con el objetivo ineludible de promover una educación democrática e inclusiva que garantice el derecho de todos los niños y jóvenes a recibir una educación de calidad basada en los principios de igualdad, equidad y justicia social”.  (p. 84)
            Los líderes eficaces en el ámbito educativo promueven escenarios de desarrollo y crecimiento.  Sin dudas, fomenta un clima educativo adecuado en el que todos los componentes escolares participan activamente en la consecución de los objetivos trazados.  En ese contexto, un centro escolar dirigido por un líder democrático, participativo, ético, organizado y pedagógico garantiza un proceso de aprendizaje efectivo.  Asimismo, se da apertura a la institución para los padres y comunidad en general.  De igual manera, un líder eficaz propone el constante desarrollo profesional de los docentes para obtener mejores resultados académicos.  Para Horn & Marfán (2010)
“las prácticas de liderazgo afectan de manera directa en la motivación, habilidades y condiciones de trabajo (a nivel de escuela y de aula) de los profesores, lo que se traduce en un mejor o peor desempeño docente, el cual a su vez afecta la calidad del aprendizaje de los estudiantes”.  (p. 85)
            El artículo de Augustine-Shaw (2015) expone la necesidad que los líderes educativos reciban mentoría en ese primer año de ejercicio en su función.  Para el exponente el sistema educativo de Kansas ha adoptado e implantado esta iniciativa reconociendo dos aspectos fundamentales:  las experiencias exitosas deben ser divulgadas y emuladas por otros para lograr una educación de calidad; y la necesidad de que el sistema educativo pueda ostentar líderes con estilos de liderazgo eficaz.  En ese sentido, para Vázquez (s. f.) “existe una relación consensuada entre el buen funcionamiento de la organización y una efectiva dirección y coordinación”.  Asimismo, un liderazgo eficaz es capaz de llevar a cabo una transformación del centro escolar.  Sin dudas, ese primer encuentro entre la institución educativa y el líder puede marcar el camino hacia el éxito o fracaso.  Por ende, el nuevo líder educativo debe enfrentar retos y es necesario que pueda obtener las herramientas necesarias para enfrentarlos exitosamente.  Según Juárez (2014), los líderes educativos necesitan capacitación específica para enfrentar el aumento de funciones, responsabilidades e implantar estrategias para obtener mejores resultados escolares.
            Del artículo de Augustine-Shaw (2015) se pueden desprender varias controversias.  En primer lugar, la resistencia al cambio en los entornos educativos puede desatar dificultades para el nuevo director escolar.  Para Quirant y Ortega (2006) la resistencia al cambio es una conducta natural de las personas y su propósito es levantar barreras por temor a lo desconocido.  El desafío de atender esa resistencia conlleva determinación, compromiso y responsabilidad.   Cabe señalar, que la resistencia al cambio es uno de los retos más complejo para el líder y se debe afrontar cuidadosamente para evitar consecuencias nefastas para la institución.  Es necesario reconocer que esta controversia puede existir en los centros escolares y manifestarse en distintas modalidades.  Por ende, cada director escolar tiene el reto que asumir la responsabilidad y encarar las situaciones desde su propia realidad institucional.
            Otra controversia que se desprende del artículo es la carencia de una planificación estratégica en el plantel escolar.  El proceso de mentoría que brinda un director experimentado al líder nuevo debe estar basado en un plan estructurado que la institución haya adoptado.  Cada entorno educativo debe presentar hacia dónde se dirige y qué pretende lograr.  Sin dudas, entre las variables que afectan el quehacer educativo que modelan un centro escolar se encuentra la planificación estratégica y se considera un indicador fundamental para lograr los objetivos a corto, mediano y largo plazo (Martín, Mominó y Carrere, 2013).  Asimismo, es indispensable entender que cada plantel escolar tiene fortalezas y debilidades que podrían ser distintas a las de otros planteles. 
            Un centro escolar carente de un líder eficaz estará destinado a consecuencias infortunadas que incluyen el fracaso del quehacer educativo.  Ante este escenario, el plantel se enfrenta a un clima escolar negativo que en múltiples ocasiones es dominado por la violencia.  Además, en términos de rendimiento, se podría visualizar un aprovechamiento académico bajo y docentes dominados por la falta de motivación.  A su vez, existiría una falta de integración de los componentes escolares provocando un centro educativo sin norte fijo y metas claras.  Juárez (2014) plantea que:
“Los procesos de gestión educativa se ven directamente influenciados de acuerdo al estilo de liderazgo que se ejerza, lo cual provoca un impacto significativo en la comunidad educativa, esto favorece o entorpece la participación de cada uno de sus integrantes, ya sean maestros, estudiantes o padres de familia”.  (p. 2)
Sin dudas, los constantes cambios en el mundo suponen un centro escolar cónsono con las necesidades del alumnado y su realidad social.  Por ende, Bolívar (2010) expone que un líder educativo eficaz debe enfatizar en:  establecer una dirección con visión, metas y expectativas; desarrollar las capacidades del personal docente; rediseñar la organización con prácticas que construyan una cultura colaborativa; y proveer los recursos necesarios para mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje.
            El artículo de Augustine-Shaw (2015) presenta la formación del nuevo líder en su rol educativo.  El exponente considera que es una iniciativa de avanzada que promete un mejor desempeño en los planteles escolares donde fue implantada.  Sin embargo, la complejidad en el desempeño de un director escolar o superintendente supone de estrategias que brinden apertura a nuevas herramientas para lograr una educación de calidad.  Los líderes experimentados y exitosos deben compartir sus estrategias para que puedan ayudar a los nuevos líderes a encaminarse y ser exitosos.  Por ende, el autor está de acuerdo con los planteamientos del artículo de Augustine-Shaw (2015) reconociendo que todo sistema educativo debe ostentar un líder eficaz.  En palabras de Cuevas y Díaz (2005):
“la influencia que estos líderes están llamados a ejercer en sus respectivas instituciones se produce, entre otras, en varias dimensiones relacionadas con los procesos de innovación y cambio, la cultura escolar, el desarrollo profesional del docente y el éxito de los alumnos”.  (p. 5)
            Ciertamente, el líder educativo debe estar inmerso en un proceso de formación en sus primeros años.  La necesidad que la educación sea influenciada por líderes eficaces es apremiante y con sentido de urgencia ante los retos que enfrenta.  En ese sentido, Villa (2015) plantea que es necesario que los directores escolares sean formados en los diferentes aspectos educativos para llevar a cabo las tareas y lograr las metas establecidas.  Un líder educativo eficaz debe presentar cualidades esenciales para ser exitoso.  En primer lugar, debe ser democrático y participativo para que la toma de decisiones sea fundamentada en la realidad del plantel.  En este aspecto, Chamorro (2005) indica que “el líder democrático establece fuertes y abiertas líneas de comunicación de tal forma, que todos los miembros del grupo puedan participar plenamente de las actividades”.  (p. 23).  Asimismo, el líder eficaz debe ostentar un estilo de liderazgo que conduzca a la transformación del centro escolar.  En ese contexto, Bolívar (2010) plantea que “la capacidad para mejorar un centro escolar depende, de manera relevante, de equipos directivos con liderazgo que contribuyan a dinamizar, apoyar y animar, que aprenda a desarrollarse, contribuyendo a construir la capacidad interna de mejora”.  (p. 2)  Finalmente, es indispensable que líder pueda comprender, aceptar y adaptarse a los entornos educativos con contextos sociales complejos.  Cónsono con lo expuesto, Bolívar (2010) indica que las instituciones educativas exitosas logran adaptarse a esos contextos sociales porque aprenden a desarrollarse y hacer frente al cambio.

Referencias
Augustine-Shaw, D. (2015).  Leadership and learning:  Identifying an effective design for
mentoring new building leaders.  Delta Kappa Gamma Bulletin.  81(2).  21-30.  Recuperado de https://web-a-ebscohostcom.nuc.idm.oclc.org/ehost/detail/ detail?sid=a0639769-65dd-450f-a0d76b0ebf7ce187%40sessionmgr4001&vid= 0&hid=4204&bdata=JnNpdGU9ZWhvc3QtbGl2ZQ%3d%3d#AN=100605724&db=ehh
Bolívar, A.  (2010).  El liderazgo educativo y su papel en la mejora:  una revisión actual
de sus posibilidades y limitaciones.  Psicoperspectiva.  9(2).  1-12.  Recuperado de http://www.psicoperspectivas.cl/index.php/psicoperspectivas/article/view/ 112/140
Chamorro, D. J. (2005).  Factores determinantes del estilo de liderazgo del director/a
Recuperado de http://site.ebrary.com/lib/elibronucocrevsp/detail.action?docID= 10234513
Cuevas, M. & Díaz, F.  (2005).  El liderazgo educativo en centros de secundaria.  Un
            estudio en el contexto multicultural de Ceuta.  Revista Iberoamericana de
educación.  37.  1-18.  Recuperado de http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3197131
Fernández, J. & Hernández, A.  (2013).  Liderazgo educativo e inclusión educativa: 
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            http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185269813718476
Gros, B., Fernández, C., Martínez, M. & Roca, E.  (2013).  El liderazgo educativo en el
contexto del centro escolar.  Recuperado de http://www.site.unican.es/Ponencia%203.pdf
Horn, A. & Marfán, J.  (2010).  Relación entre liderazgo educativo y desempeño escolar: 
revisión de investigación en Chile.  Psicoperspectivas.  9(2).  82-104.  Recuperado de http://www.scielo.cl/pdf/psicop/v9n2/art05.pdf
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Martín, J., Mominó, J. & Carrere, J.  (2013).  La planificación estratégica, un indicador
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Quirant, A. & Ortega, A.  (2006).  El cambio organizacional:  la importancia del factor
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Vázquez, S.  (s. f.).  El liderazgo en la organización educativa:  el perfil del director y/o
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