domingo, 8 de enero de 2017

El proceso de inducción y las relaciones laborales en los escenarios educativos

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

Las instituciones educativas exitosas toman en consideración una serie de técnicas y estrategias fundamentales para recabar la excelencia académica.  Por ello, la capacitación y la motivación en el personal docente desempeñan un rol importante en el entorno educativo.  En este sentido, el desarrollo continuo del maestro debe ser uno de los objetivos institucionales en un ambiente escolar.  El líder educativo debe procurar que los docentes obtengan las herramientas necesarias para lograr un proceso enseñanza y aprendizaje exitoso.  Asimismo, las estrategias educativas deben ir dirigidas a la atención de las necesidades que presentan los alumnos a consecuencia de una sociedad matizada por los constantes cambios.  Sobre el desarrollo docente, Vezub (2007) plantea que:
“El desafío es que los docentes se apropien de nuevas claves de lectura, interpretación y acción que les permitan trabajar en contextos escolares heterogéneos, con problemas sociales y culturales diversos.  Una nueva configuración del trabajo docente, capaz de dar respuesta a la complejidad e impredictibilidad de las situaciones que ocurren en las escuelas y en los salones de clase…”.  (p. 21)
            Ciertamente, uno de los desafíos de la educación se centra en la acogida que le brindan los entornos educativos al nuevo docente.  La inexperiencia puede desencadenar en situaciones pedagógicas desafortunadas tanto para el docente como para el alumnado.  Por lo tanto, se hace necesario formular un proceso de inducción para los maestros que comienzan y así garantizar un quehacer educativo de calidad.  Cónsono con este planteamiento, Colmenárez (2008) expone que:
“…el proceso de inducción de personal aplicado a los miembros de nuevo ingreso, se debe ofrecer como una alternativa de fácil acceso y como significativa oportunidad para agilizar la integración del personal con altas posibilidades de alcanzar los niveles de productividad académica y de investigación deseados”.  (p. 7)
            Por ende, es necesario analizar esa apertura al nuevo docente desde distintas perspectivas de los expertos.  En ese aspecto, Koehler y Kim (2012) en su artículo “Improving Beginning Teacher Induction Programs through Distance Education”, plantean que los primeros años del docente son determinantes para desarrollar su identidad como maestro.  Los autores señalan que los programas de preparación del docente ofrecen muy poca experiencia.  Sin embrago, para Koehler y Kim (2012), es importante los conocimientos que se adquieren en el aula.  El artículo plantea que los maestros necesitan apoyo para enfrentar muchos desafíos en sus primeros años de enseñanza.  De igual manera, Koehler y Kim (2012) exponen que las distintas investigaciones revelan que los programas de inducción diseñados adecuadamente pueden hacer una diferencia marcada en los nuevos docentes.  El artículo, a su vez, revela dos problemas que enfrentan los programas tradicionales de inducción:  1)  el foco principal de estos programas formales de mentoría ocurren fuera del salón y se desconectan de la práctica cotidiana; y 2)  no existe uniformidad en los programas de inducción y varía dependiendo de los recursos que tiene la institución.
            Para vencer esas barreras que impiden un buen programa de inducción, Koehler y Kim (2012) exponen que es necesario proporcionar el uso de tecnología de educación a distancia.  Los autores demuestran que los programas de mentoría e inducción utilizando la tecnología y la educación a distancia, han contribuido sustancialmente a eliminar esas barreras para beneficio del nuevo docente.   Los autores destacan varias ventajas del diseño de estos programas:  1) la experiencia consistente para los nuevos maestros de todas las escuelas; 2) la colaboración profesional y construcción de oportunidades comunitarias con colegiados del mismo campo; 3) el apoyo especializado en enfoques de relación y comunicación, estrategias instruccionales y técnicas de administración; y 4) el formato cómodo y flexible con acceso constante a recursos y apoyo.
            Se desprende del artículo, como tema principal, la importancia de diseñar programas de inducción y mentoría para los docentes nuevos incorporando la utilización de las tecnologías en su modalidad de educación a distancia.  Los autores exponen contundentemente que los programas tradicionales contribuyen limitadamente en esa formación del nuevo docente dificultando sus posibilidades de una integración acertada en la institución educativa.  Más aún, Koehler y Kim (2012) plantean que la uniformidad en el diseño de programas de inducción para docentes a través de la educación a distancia promueve un profesional capaz de atender un estudiantado influenciado por los constantes cambios sociales.  De igual manera, los autores pretenden demostrar las ventajas de dichos programas tecnológicos para los maestros.  A su vez, establecen que la formación docente utilizando tecnologías de educación a distancia, erradican los problemas que presentan los programas de inducción tradicionales.
            En cuanto a la evaluación entre iguales, el artículo de Koehler y Kim (2012) establecen la necesidad de los programas de formación tecnológica y educación a distancia.  Es decir, para uniformar las experiencias compartidas, construir oportunidades comunitarias a través de una colaboración profesional con colegiados del mismo campo y apoyo especializado relacionado a las estrategias instruccionales.  En concordancia con los autores, Keppell et al. en Ibarra, Rodríguez y Gómez (2012) establecen que “es conveniente favorecer el desarrollo de ambientes de aprendizaje auténticos donde se compartan significados y se construya conjuntamente el conocimiento, ofreciendo, además, amplias oportunidades de interacción social”.  (p. 3)  Asimismo, Koehler y Kim (2012) evidencian la importancia de los programas de mentoría, evaluación de pares e inducción a la docencia.  Los autores reconocen que dichos programas son necesarios para aspirar a una educación de calidad.  El artículo puntualiza los resultados que han tenido distintos escenarios educativos a través de la formación de docentes en programas tecnológicos de educación a distancia.
            Indudablemente, el proceso de inducción ayuda al desarrollo de los recursos humanos.  Los nuevos docentes traen al entorno escolar sus conocimientos teóricos.  Sin embargo, es importante la integración a la práctica que surge de las experiencias en el salón de clases.   Por ende, el proceso de inducción es indispensable para el nuevo docente ante los retos que representa las diferencias entre la teoría y la práctica.  En este aspecto, ese desarrollo del personal docente contribuye al fortalecimiento de un ambiente laboral asertivo ante los nuevos enfoques educativos.  Orozco en Colmenárez (2008) define el proceso de inducción como:
“…una fase del proceso administrativo que se pone en práctica en las organizaciones, a través del cual se ofrece al personal de nuevo ingreso la información necesaria para que pueda sin demoras, con confianza y seguridad incorporarse a su puesto de trabajo y contribuir eficazmente en el logro de los objetivos y metas institucionales”.  (p. 7)
            Todo sistema educativo debe diseñar procesos de inducción, mentoría y evaluación de pares.  Este diseño debe estar enmarcado en la igualdad de oportunidades para todos los docentes nuevos.  En efecto, es importante contribuir al fortalecimiento de este proceso a través de varias recomendaciones.  En primer lugar, es indispensable uniformar el acceso a un proceso de inducción para que todo docente nuevo obtenga el conocimiento necesario sin consideración del escenario educativo en el que se encuentra.  De igual manera, la inclusión de la tecnología como herramienta fundamental en dicho proceso puede ser determinante ante los nuevos enfoques educativos.  Asimismo, el artículo de Koehler y Kim (2012) establece que la educación a distancia contribuye a un proceso de inducción igualitario y continuo.  Por ende, es necesario el diseño de programas que utilicen este enfoque educativo fundamentado en formato cómodo y flexible con acceso continuo a los recursos y apoyo de profesionales.  Por su parte, el líder de cada institución escolar debe promover un proceso de inducción que brinde las estrategias instruccionales requeridas al nuevo docente para lograr las metas institucionales.
            Por otra parte, es necesario reconocer que la mentoría entre pares contribuye al fortalecimiento de una relación laboral enmarcada por el respeto y la inserción del nuevo docente a la realidad del escenario educativo.  Sobre el particular, Veláz (2009) expone que la mentoría entre pares “concibe y diseña el desarrollo profesional, y por tanto la fase de inserción, como una parte inseparable del proceso de cambio y mejora escolar”.  (p. 216)  Ciertamente, es importante proveer el espacio para que un docente mentor contribuya al desarrollo de las capacidades del nuevo docente.  De igual manera, se hace necesario una formación del maestro mentor a través de un desarrollo profesional continuo que vaya dirigido a fortalecer sus destrezas y contribuyan a un proceso de inducción efectivo.  Evidentemente, la integración del nuevo profesional al escenario educativo debe contener estrategias que le permitan conocer la realidad de ese entorno escolar, las necesidades particulares de su alumnado y el clima escolar que impera en la institución.
            En Puerto Rico, la Ley 68 “Ley orgánica del Departamento de Educación” establece en su artículo 3.05 que:
“El Secretario establecerá un programa de inducción al magisterio mediante el cual los maestros que posean experiencia orienten, auxilien y sirvan de guía tanto a los que se incorporan por primera vez al sistema como a los que hayan estado fuera del servicio activo por más de cinco (5) años.”
Lo dispuesto en esta ley fue recogido en la carta circular 5-2008-2009 titulada “Política pública y procedimientos para cumplir con los requisitos de la ley NCLB en relación a los maestros altamente calificados”.  Dicho documento legal establece los requisitos para determinar los maestros que están altamente cualificados en cada escuela de Puerto Rico.  Además, expone que el director escolar debe implantar el plan de desarrollo profesional tanto para los maestros altamente cualificados como para los docentes clasificados como no altamente cualificados.  En ese aspecto, los maestros de nuevo ingreso necesitan un proceso de inducción como establece la ley orgánica del Departamento de Educación y el director escolar debe desarrollarlo para garantizar un clima educativo asertivo. 
            El desarrollo de un proceso de inducción para los docentes nuevos debe incluir varios elementos indispensables.  En primer lugar, establecer el comité de inducción del plantel compuesto por tres maestros clasificados como altamente cualificados y el director escolar.  Dicho comité elaborará un plan de trabajo que incluirá las metas, los objetivos medibles, las actividades, los recursos que se utilizarán y la evaluación de cada etapa.  Este plan de trabajo será presentado al personal docente para que los componentes escolares comprendan la importancia de dicho proceso.  De igual manera, es necesario conocer la necesidad existente de reclutar nuevos docentes para determinar cuál debe ser el impacto del proceso de inducción en el entorno escolar.  Asimismo, es imprescindible que el director escolar supervise directamente el proceso que están llevando a cabo los maestros mentores y constatar si el mismo está cumpliendo con el plan establecido.  Finalmente, es necesario que el proceso de enseñanza y aprendizaje en el aula de los nuevos docentes, sea supervisado periódicamente.  De esta forma, se conocerá si el maestro está atendiendo cabalmente las necesidades de su alumnado y se realizarán distintas recomendaciones para un mejor desempeño de sus funciones.
            Ciertamente, el artículo de Koehler y Kim (2012) reconoce el proceso de inducción y mentoría como de gran impacto para todo escenario educativo.  De igual manera, exponen correctamente la necesidad de que todo docente se capacite en sus primeros años a través de programas que no contengan limitaciones.  En ese aspecto, los autores han establecido que el uso de la tecnología en la educación a distancia contribuye a erradicar el problema de acceso a la información ya que ésta modalidad provee recursos sin limitación de tiempo.  Indiscutiblemente, los autores han reconocido la necesidad de recursos que imponen los programas presenciales y la falta de uniformar la capacitación de los docentes en el proceso de inducción.  Sin embargo, el exponente no está de acuerdo con la uniformidad en el contenido de los programas de inducción por varias razones.  En primer lugar, la inducción o mentoría para un maestro deben ser atendidas de acuerdo a las necesidades particulares.  Asimismo, el clima escolar puede ser diferente para cada escuela y es un aspecto influyente en un proceso de inducción.  De igual manera, las necesidades académicas de los nuevos docentes es un punto de partida para la mentoría y puede variar de acuerdo a la institución en la que estudió el maestro.

Referencias
Carta circular 5-2008-2009.  Política pública y procedimientos para cumplir con los
            requisitos de la ley NCLB en relación a los maestros altamente calificados.
Colmenárez L.  (2008).  Proceso de inducción del personal docente del decanato de
            administración y contaduría de la UCLA.  Compendium.  11(20).  5-22. 
            Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=88002002
Ibarra, M., Rodríguez, S. &  Gómez, M.  (2010).  La evaluación entre iguales: beneficios y
            estrategias para su práctica en la universidad.  Revista de Educación.  359.  1-19.
            Recuperado de http://www.revistaeducacion.mec.es/doi/359_092.pdf
Koehler, A. & Kim, M.  (2012).  Improving beginning teacher induction programs through
            distance education.  Contemporary Educational Technology3(3).  212-233. 
Recuperado de https://web-b-ebscohost-com.nuc.idm.oclc.org/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=01e5a260-590b-417f-8cdf-a6d2418078cf%40sessionmgr104&vid=1&hid=105
Ley Orgánica del Departamento de Educación de Puerto Rico de 1990.
Manzano, N., Martín, A., Sánchez, M., Rísquez, A. & Suárez, M.  (2012).  El rol del
            mentor en un proceso de mentoría universitaria.  Educación XX1.  15(2).  93-118.
            Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=70624504002
Vélaz (2009).  Competencias del profesor-mentor para el acompañamiento al profesorado
principiante.  Profesorado.  Revista de Currículum y Formación del Profesorado.  13(1).  209-229.  Recuperado de https://www.ugr.es/~recfpro/rev131ART14.pdf
Vezub, L.  (2007).  La formación y el desarrollo profesional docente frente a los nuevos
            desafíos de la escolaridad.  Profesorado.  Revista de currículum y formación del

profesorado.  3.  1-23.  Recuperado de https://www.ugr.es/~recfpro/rev111ART2.pdf

domingo, 11 de diciembre de 2016

Enfoques y tendencias del supervisor educativo

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

La sociedad actual en su empeño de tener una dimensión equitativa y desarrollada busca fortalecer la educación como vehículo de progreso.  En este afán, el quehacer educativo exitoso garantiza un ser humano capaz de comprender, actuar y decidir ante las influencias del entorno social en el que se desarrolla.  Sobre el particular, Rodríguez (2011) plantea que:
“Las sociedades modernas, desarrolladas y equitativas tienen como dimensión prioritaria la educación, ya que es donde se integran y relacionan las personas en función de sus necesidades, los requerimientos de los estados y la exigente sociedad del conocimiento y globalizada…”.  (p. 255)
En consecuencia, los sistemas educativos tienen la obligación de aspirar a un proceso pedagógico que contribuya a una educación de calidad a través de estrategias eficaces y vanguardistas.  Por lo tanto, es indispensable que dicho proceso sea guiado por líderes educativos capaces de lograr la visión educacional propuesta.
            Conforme a los enfoques de administración, en este trabajo, el exponente plantea la importancia de conocer, comprender e implantar los nuevos paradigmas y tendencias del proceso de supervisión educativa que respalden la labor del líder educativo.  Cabe destacar que, un entorno social dominado por la globalización requiere de estrategias pedagógicas que atiendan acertadamente dicha influencia.  Los escenarios educativos son los instrumentos para lograr la misión y visión de todo sistema de educación.  En este contexto, Rodríguez (2011) expone que:
“…para cumplir el desafío y la misión que tiene la educación, los centros educativos, como primer eslabón del sistema, adquieren su sentido y definen su misión: difundir los saberes, normas, valores e ideas con los que se pretende modelar la sociedad…”.  (p. 255)
Sin embargo, existen entornos educativos que mantienen una marcada vulnerabilidad que le impide lograr sus metas y objetivos educacionales.  Por lo tanto, dichos centros requieren de herramientas pedagógicas que se adapten a su realidad social, cultural y educativa.  En efecto, necesitan de un proceso de supervisión educativo capaz de atender las necesidades particulares de su alumnado.
            Los nuevos paradigmas y tendencias del proceso de supervisión educativa son herramientas que pretenden buscar solución a los problemas que enfrenta la educación.  Cónsono con este planteamiento, González (2007) expone que:
“Cuando se impulsa la educación también se alcanza el nuevo camino en las organizaciones con miras a garantizar el desarrollo de los procesos en la alta gerencia, cambios y transformaciones dentro de los cuales resalta el acto de supervisar cuya finalidad es contribuir a resolver los problemas del aprendizaje en el sistema educativo”.  (p. 12)
Por ende, los desafíos que enfrenta la educación requieren de un proceso de supervisión efectiva que promuevan las oportunidades de desarrollo, el cambio organizativo y pedagógico.  Además, el líder educativo debe asumir con responsabilidad su desempeño como supervisor para atender con determinación los obstáculos que se presentan en el proceso de enseñanza y aprendizaje.  En síntesis, los nuevos enfoques aspiran a fortalecer los escenarios educativos. 
            Enmarcado en los nuevos paradigmas y tendencias del proceso de supervisión, el exponente a través de su participación en un foro de discusión denominado “Competencias del director escolar” describió las características que debe presentar un líder educativo para ser un supervisor eficaz.  En primer lugar, debe ostentar un estilo de liderazgo auténtico que le permita administrar el escenario educativo enmarcado en los más altos valores de justicia, respeto, tolerancia e igualdad.  De este modo, es indispensable la aceptación de nuevas ideas y la incorporación de distintos enfoques presentados por los componentes escolares para construir un ambiente educativo inclusivo.  Asimismo, es necesario que el líder educativo promueva un proceso de supervisión ético en el que se respete la diversidad y la igualdad como garantía de una educación vanguardista.  Además, el líder educativo debe promover una actitud de cambio en el entorno escolar.  Sin dudas, las influencias sociales requieren un constante cambio de visión que conduce a la búsqueda de nuevas estrategias que atiendan la población estudiantil exitosamente.
            Por otra parte, los líderes educativos requieren de una comunicación efectiva con el supervisado.  Como consecuencia, el líder será capaz de promover el entendimiento, la comprensión y la solución de problemas efectivamente.  De igual manera, le permitirá la búsqueda e implantación de nuevas estrategias educacionales que garanticen un proceso académico exitoso para su alumnado.  Igualmente, el proceso de supervisión requiere del líder la capacidad de trabajar en equipo para una toma de decisiones efectiva.  Las nuevas tendencias y paradigmas del proceso de supervisión plantean la necesidad de que los escenarios educativos promuevan un proceso decisional democrático y participativo.  Es ineludible que todos los componentes en un centro escolar contribuyan al fortalecimiento de los procesos que conduzcan a lograr lo establecido en la visión institucional.  En ese contexto, Rodrigo (2010) plantea que “participar requiere implicarse, formar parte, intervenir en una actividad o proyecto.  La participación significa trabajo en común, protagonizado por colectivos que comparten responsabilidades y trabajos”.  (p. 160)
            Las tendencias en el proceso de supervisión pedagógica inciden en un nuevo rol para el líder educativo.  Sin dudas, presumen la necesidad de establecer un balance entre la atención a los procesos administrativos y pedagógicos.  La permisión de un desbalance en alguna de esas responsabilidades conduce a dilemas educacionales nefastos para el centro educativo.  Por lo tanto, es indispensable que el líder educativo dedique un tiempo balanceado a la atención de asuntos administrativos y pedagógicos para garantizar un clima organizacional adecuado.  Evidentemente, el proceso administrativo de un escenario educativo requiere de la integración del líder para planificar, organizar y ejecutar planes concretos que suponen decisiones en asuntos de índole fiscal, documental, de recursos físicos, entre otros.  Por su parte, la supervisión educativa requiere que el líder se integre activamente al proceso enseñanza y aprendizaje para conocer prioritariamente los elementos pedagógicos que afectan positiva y negativamente su centro escolar.  De esta manera, a través de su integración podrá canalizar concretamente todos los aspectos que puedan impedir un proceso educativo exitoso.  En ese aspecto, Balzán en Rodríguez (2011) plantea que:
“La tarea del líder que supervise y acompañe debe ayudar a los docentes de las escuelas a adquirir conocimientos, habilidades y competencias, desarrollar sus conocimientos, orientar y entender situaciones, y que él entienda y reflexione para que encuentre alternativas de soluciones a los problemas que afecten el desempeño”.  (p. 257)
Ciertamente, la celeridad con que la globalización y otras influencias sociales inciden en la educación requiere de un constante desarrollo profesional del líder educativo.   Efectivamente, para el exponente es indispensable que todo supervisor pedagógico se adiestre periódicamente como herramienta fundamental hacia la aspiración de una educación de calidad.  Cónsono con este planteamiento, Bird, Dunaway, Hancock y Wang (2013) establecen contundentemente que antecediendo a la aspiración de cualquier posición en el sistema educativo se debe desarrollar distintos mecanismos concretos de formación para líderes pedagógicos con el fin de proporcionarles los aspectos fundamentales de un proceso de supervisión efectivo.  Es determinante que el líder educativo promueva un proceso pedagógico enmarcado en la atención a las necesidades del alumnado a través de estrategias vanguardistas.  Más aún, la investigación de Kottkamp y Silverberg (2003) plantea que los líderes educativos deben tener un proceso de formación que les permita enfrentar adecuadamente los retos que conlleva el proceso de supervisión pedagógico.  Los autores destacan a través de su estudio, cuál ha sido la experiencia de profesores universitarios que atienden el proceso de formación sobre liderazgo y revelan la necesidad de crear programas que promuevan el desarrollo de un liderazgo educativo eficaz.  Kottkamp y Silverberg (2003) establecen que las acciones de los líderes educativos cambian hacia un proceso de transformación escolar cuando sus pensamientos e ideas cambian.
Indudablemente, el continuo desarrollo profesional representa una herramienta fundamental para todo supervisor del proceso educativo.  En primer lugar, le garantiza un constante conocimiento sobre los nuevos enfoques pedagógicos para conjugar la aspiración de todo sistema educativo, desarrollar seres humanos íntegros y capaces de enfrentar exitosamente su entorno social.  De igual manera, le permite al líder educativo obtener una perspectiva amplia sobre los constantes cambios que van influenciando en la educación.  Asimismo, dota al supervisor del proceso educativo de estrategias vanguardistas que garantizan una educación de alta calidad.  Finalmente, el continuo desarrollo profesional permite que el líder educativo mantenga un balance sobre su ejecución en los procesos administrativos y pedagógicos para construir un clima organizacional democrático y participativo.  En ese contexto, Mogollón (s. f.) establece que:
“La calidad de la supervisión escolar está orientada a ayudar y asesorar al docente, a ejercer un liderazgo democrático, a establecer fuertes lazos morales con los miembros de la comunidad donde se desenvuelve y a evaluar los resultados de los logros obtenidos en busca de alcanzar en forma efectiva los objetivos propuestos, creando las condiciones adecuadas de acuerdo a las necesidades educativas”.  (p. 1)
Referencias
Bird, J., Dunaway, D., Hancock, D. & Wang, C. (2013).  The superintendent's leadership
role in school improvement: relationships between authenticity and best practices.  Leadership & Policy in Schools.  12(1).  37-59.  Recuperado de https://web-b-ebscohost-com.nuc.idm.oclc.org/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=40fc7e28-5525-460f-8f35-2ccfdcc74c21%40sessionmgr103&vid=1&hid=116
González, E.  (2007).  Un modelo de supervisión educativa.  Laurus.  13(25).  11-35.
            Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=76111479002
Kottkamp, R.  & Silverberg, R.  (2003).  Leadership preparation reform in first person:
             Making assumptions public.  Leadership and Policy in Schools.  2(4).  299-326.
Recuperado de https://web-a-ebscohost-com.nuc.idm.oclc.org/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=ee8f55f7-186f-4a82-818c-3ebf5fcc6bad%40sessionmgr4002&vid=1&hid=4104
Mogollón, A.  (s. f.).  Calidad y enfoques de la supervisión.  Recuperado de
            http://servicio.bc.uc.edu.ve/educacion/revista/a2n20/2-20-5.pdf
Rodrigo, V.  (2010).  Hacia una comunidad democrática, abierta y participativa.  CEE
participación educativo.  14.  158-170.  Recuperado de http://www.mecd.gob.es/revista-cee/pdf/n14-rodrigo-lopez.pdf
Rodríguez, G.  (2011).  Funciones y rasgos del liderazgo pedagógico en los centros de
enseñanza.  Educación y educadores.  14(2).  253-267. 
Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=83421404003


domingo, 13 de noviembre de 2016

El manejo efectivo de la inteligencia cultural para el líder educativo

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

            La educación vanguardista requiere de nuevos enfoques y estrategias que garanticen la inclusión como elemento fundamental para lograr un ser humano capaz de responder asertivamente a su entorno social.  En la función social radica la responsabilidad de atender con efectividad la diversidad cultural que ha ido creciendo aceleradamente en los ambientes educativos.  En ese sentido, se hace necesario reflexionar el rol de cada sistema educativo, escuela, educador y líder escolar en vías de lograr un quehacer educativo inclusivo.  Sobre el particular, Rodríguez (2004) plantea que “la amplia variedad de alumnos, estilos y ritmos de aprendizaje, diferentes niveles de intereses y motivaciones han puesto de manifiesto la necesidad de repensar la escuela tanto desde aspectos organizativos como curriculares”.  (p. 21)  Evidentemente, los constantes cambios sociales inciden dramáticamente en los sistemas educativos y se necesitan estrategias que contribuyan a enfrentarlos eficazmente.
            El rol del líder educativo es fundamental en la aspiración de cada contexto escolar de lograr una educación de calidad.  Por ende, a través de este trabajo se presenta la importancia de ostentar una inteligencia cultural que permita trabajar efectivamente con la diversidad existente en cada institución educativa.  De igual manera, se aborda, desde la perspectiva del exponente, cuál es el manejo efectivo de los componentes de la inteligencia cultural para el líder educativo.  Sin dudas, los retos que enfrentan los entornos escolares respecto a la diversidad escolar requieren de componentes educativos comprometidos y dedicados a salvaguardar la educación sin ningún tipo de discriminación.  Asimismo, el exponente presentará tres estrategias en los procesos de liderazgo que permitan trabajar el impacto que la diversidad ejerce en las instituciones educativas.
            El manejo efectivo de los componentes de la inteligencia cultural es esencial para lograr una educación vanguardista.  En ese sentido, el rol del líder educativo es determinante para fomentar un ambiente inclusivo en la institución escolar.  Por ende, se hace imperante conocer algunos de los componentes de la inteligencia cultural para concretar todo plan estratégico que contribuya a un mejor aprovechamiento académico.  En ese aspecto, el líder educativo actual debe poseer la capacidad y las habilidades necesarias para adaptarse y liderar eficazmente un entorno escolar que presente como característica, la diversidad.  En ese contexto, Las Heras y Teen (2010) definen inteligencia cultural como “la capacidad de entender a otros, de hacerse entender y de entender el modo adecuado de colaborar junto a personas de culturas diferentes”.  (p. 30)  Por su parte, Livermore (2012) plantea que la inteligencia cultural es “la capacidad para funcionar con eficacia en cualquier nacional, étnica y organizativa”.  (p. 3)
            En efecto, es indispensable que el líder educativo ostente una inteligencia cultural que le permita llevar a cabo su labor exitosamente cuando se enfrente a contextos escolares diversos.  Por lo tanto, es fundamental aplicar distintos componentes de la inteligencia cultural para lograr una escuela inclusiva.  En primer lugar, es necesario que el líder educativo promueva una sensibilidad de comprensión hacia los que forman parte del entorno escolar y presentan características culturales diferentes.  De igual manera, la aplicación de una comunicación efectiva como componente de la inteligencia cultural, provee el entendimiento entre todos los componentes escolares y contribuye a lograr las metas institucionales en un ambiente de armonía, respeto y tolerancia.  Asimismo, el estilo de liderazgo es un componente básico de la inteligencia cultural.  Sin dudas, el líder educativo debe liderar la institución escolar enmarcado en los más altos estándares éticos.  Más aún, debe promover una toma de decisiones democrática y participativa que permita crear un clima organizacional pertinente a todos los actores educativos.
            Para trabajar con el impacto de la diversidad en un centro escolar se presentan tres estrategias que todo líder educativo puede implantar desde los procesos de liderazgo.  En primer lugar, es necesario lograr la adaptabilidad curricular a las necesidades particulares de la institución educativa.  En ese contexto, Poblete (2003) plantea que “…lo que hace una escuela plural y democrática es abrirse institucional, organizativa y curricularmente hacia las diversas formas culturales y de socialización que caracterizan a sus estudiantes, docentes y el entorno donde su ubica…”.  (p. 186)  Cabe señalar, que cada institución educativa debe procurar el establecimiento de nuevos enfoques curriculares que sean culturalmente pertinentes al alumnado.  Cónsono con los planteamientos sobre el currículo y la importancia de su adaptación a la realidad de la escuela, Duk y Loren (2010) exponen que “…para el diseño y puesta en marcha de los procesos educativos, el currículum debe ser concebido como un instrumento para asegurar la igualdad de oportunidades”.  (p. 188)
            La segunda estrategia es la creación de un grupo multidisciplinario en la institución que procure garantizar un proceso educativo inclusivo.  En ese contexto, este equipo debe estar compuesto por el director escolar, el trabajador social, orientador u otro personal de apoyo y un miembro de la comunidad.  Esta estrategia va dirigida a establecer una planificación que guíe el desarrollo profesional del recurso docente sobre la inclusión en el aula.  Asimismo, atenderá las deficiencias en el aprovechamiento académico de estudiantes por razones culturales y reforzará el manejo pedagógico.  Dicha atención estará enmarcada en la solución de este dilema académico a través de la integración de especialistas profesionales en distintas áreas, el contacto directo con los encargados de los estudiantes, el seguimiento con los docentes, entre otros.  Además, este equipo multidisciplinario fomentará distintas actividades que provean espacio para la integración de todos los componentes escolares.
            Por otra parte, la tercera estrategia desde de perspectiva de los procesos de liderazgo para el manejo efectivo de un ambiente educativo diverso, va dirigida a promover una actitud de cambio en el docente.  Evidentemente, la relación alumno-maestro constituye el eje central de todo sistema educativo.  Por ende, es indispensable que el docente ostente una actitud de cambio ante las nuevas tendencias sociales que influyen en la institución a la que pertenecen.  En ese aspecto, Acosta (2000) establece claramente que “el maestro, como agente de cambio constructivo, tiene la responsabilidad de dirigir los esfuerzos del sistema hacia el logro de un aprendizaje eficaz en los estudiantes”.  (p. 88)  Ante esa realidad, el líder educativo debe garantizar un proceso de supervisión efectivo dirigido a ampliar las habilidades, capacidades y herramientas del proceso de enseñanza en los docentes.  Por lo tanto, debe llevar a cabo un estudio de necesidades minucioso sobre las debilidades que presentan los maestros en las distintas áreas académicas.  A su vez, debe complementarse con un plan de trabajo detallado que recoja un amplio proceso de desarrollo profesional que contribuya a un proceso de enseñanza y aprendizaje inclusivo.
            Ciertamente, impulsar las estrategias de manejo efectivo de los componentes de la inteligencia cultural como líder educativo de un centro escolar requiere un compromiso inquebrantable con la educación.  En esencia, el estilo de liderazgo es primordial para aunar esfuerzos y garantizar un ambiente inclusivo en la institución.  En ese sentido, el clima organizacional debe estar cimentado en un proceso participativo en el que todos los componentes se involucren en las decisiones de la escuela.  Asimismo, el líder educativo debe envolverse en un continuo desarrollo profesional que le permita conocer, comprender y actuar eficazmente ante las constantes influencias que ejerce el contexto social en la institución.  De igual manera, su labor debe estar enmarcada en los valores de integridad, justicia, respeto, tolerancia e igualdad.  Además, es indispensable articular una visión inclusiva que brinde dirección a la escuela y posteriormente promoverla para crear pertinencia en todos los componentes educativos.
            Finalmente, a modo de reflexión, toda institución educativa debe procurar un proceso de enseñanza y aprendizaje inclusivo.  En ese aspecto, la labor y el compromiso genuino del líder educativo es determinante para garantizar una educación de calidad.  La buena disposición del líder en atender un entorno escolar diverso debe estar promovida por la garantía de lograr un ser humano integral y responsivo a las exigencias del contexto social.  Sobre el particular, Tuleja (2014) plantea que el desarrollo de la competencia intercultural para beneficio de los estudiantes debe pasar del simple hecho de tener el conocimiento hacia lograr una adecuada atención sobre lo que afecta el comportamientoAsimismo, un ambiente educativo inclusivo posee como elementos claves una visión institucional respaldada por todos los componentes.  En consecuencia, se involucra activamente un líder educativo con la capacidad y el liderazgo para fomentar un clima participativo y una planificación estratégica que establezca las metas y objetivos educacionales.

Referencias

Acosta, J.  (2000).  Modelos, enfoques y estrategias de supervisión educativa.  San Juan, PR:  Publicaciones Yuquiyú.

Duk, C.  & Loren, C.  (2010).  Flexibilización del currículum para atender la diversidad.
Revista Internacional de Educación para la Justicia Social.  4(1).  187-210.  Recuperado de http://www.rinace.net/rlei/numeros/vol4-num1/art9.pdf

Las Heras, M.  & Teen, Y.  (2010).  Inteligencia cultural para el líder del futuro.  Revista de
Antiguos Alumnos.  119.  28-30.  Recuperado de  http://www.iese.edu/research/pdfs/art-1883.pdf

Livermore, D.  (2012).  Liderar con inteligencia cultural:  El nuevo secreto para el éxito.
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jueves, 30 de junio de 2016

El impacto de la toma de decisiones por un líder educativo

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

Una toma de decisiones efectiva requiere de un estilo de liderazgo eficaz con la capacidad de lograr las metas y objetivos propuestos en un escenario educativo.  Por lo tanto, es necesario que el líder educativo conozca las distintas perspectivas, modelos y teorías sobre la toma de decisiones.  Según Lorenzo (2005) “el liderazgo de la institución es el que imprime un carácter específico a cada etapa, cada líder marca una imagen de la institución, imprime un estilo propio de funcionamiento”.  (p. 368)  Cada entorno escolar reúne cualidades y demuestra debilidades que deben formar parte del proceso decisional.  Por ende, es indispensable crear ambientes escolares democráticos y participativos en el que todos los protagonistas del quehacer educativo aborden un sentido de pertinencia por una educación de calidad.  Además, es necesario reflexionar sobre la necesidad de crear escuelas con perspectivas diferentes en su función social de desarrollar un ser humano integral y presto para responder a su entorno social.  En ese contexto, Bolívar (2010) plantea que “la capacidad para mejorar de un centro escolar depende, de manera relevante, de equipos directivos con liderazgo que contribuyan a dinamizar, apoyar y animar que aprenda a desarrollarse, contribuyendo a construir la capacidad interna de mejora”.  (p. 2)
            El artículo “La toma de decisiones en los contextos escolares colaborativos” expone con profundidad la importancia de tener una formación democrática en los entornos educativos.  De igual manera, presenta el concepto “escuela colaborativa” como una forma de gobernanza democrática y participativa de todos los componentes escolares.  Rodríguez (1996) define colaboración como “un proceso establecido entre los participantes, tendente a analizar el tipo de relaciones generadas en la escuela y entre ésta y su entorno más próximo, la familia y las instituciones sociales”.  (p. 250)  También, el artículo plantea que la escuela debe promover los valores de interdependencia, apertura, comunicación, autorregulación y autonomía.  La autora expone que en una escuela democrática, los estudiantes deben tomar decisiones para la solución de dilemas y acciones reales.
            De acuerdo a Rodríguez (1996), existe una necesidad de que los contextos educativos valoren las relaciones interpersonales y colectivas.  Por consiguiente, la autora plantea la necesidad de crear la escuela como una “comunidad justa” en la que sus componentes sean valorados en el proceso de toma de decisiones.  Asimismo, el artículo presenta la adopción de roles como una concepción que debe predominar en la escuela porque permite el intercambio de perspectivas.  Además, Rodríguez (1996) indica que la familia tiene un rol determinante en los entornos escolares, porque la disposición de los padres en valorar el diálogo, facilita el proceso de toma de decisiones.  La autora concluye que es indispensable crear una escuela como “comunidad justa” que promueva la democracia y la participación de todos los componentes escolares.
            El artículo pretende demostrar la importancia de desarrollar entornos escolares democráticos y participativos.  Rodríguez (1996) plantea que los componentes escolares participan del proceso decisional buscando crear una comunidad de aprendizaje justa.  En ese aspecto, el estilo de liderazgo es esencial para lograr la eficacia de un centro educativo.  El líder educativo debe ostentar un estilo de liderazgo eficaz que permita una sana convivencia escolar y así garantizar un proceso enseñanza-aprendizaje exitoso.  En este aspecto, Bolívar (2010) indica que “la creación de un ambiente y de unas condiciones de trabajo que favorezcan a su vez un buen trabajo en las aulas es algo que depende de los equipos directivos”.  (p. 4)  Sin dudas, la capacidad del líder de influenciar en los miembros de la organización es determinante para lograr las metas institucionales.
            Ciertamente, existen distintas teorías de liderazgo.  En ese contexto, la teoría de liderazgo transformacional promueve un clima organizacional motivador a través de un empleado que puede aportar ideas para mejorar los procesos en la institución.  Esta teoría de liderazgo sitúa al trabajador como parte del éxito de la organización.  En consecuencia, para el liderazgo transformacional el trabajador se trata como persona y no como un instrumento.  De este modo, los objetivos y las metas se formulan a largo plazo.  En adición, el líder es ejemplo a seguir y la organización promueve un aprendizaje común entre sus miembros.  Por su parte, entre las desventajas que presenta el liderazgo transformacional se pueden destacar:  a)  los resultados se pueden palpar a largo plazo; b)  no es un estilo de liderazgo apto para todos los líderes; y c)  asume que el trabajador está motivado.  Sin dudas, el líder transformador puede esperar un mejor trabajo de sus empleados y crear un sentido de pertinencia en la labor que realiza.  En ese sentido, su ejemplo profesional le permite ostentar un carisma personal necesario para lograr las metas institucionales.  Vázquez (2013) puntualiza que “el líder transformacional provee cambio y movimiento a la organización; por ello debe tener una clara visión de las metas a alcanzar para guiar a la institución en nuevas direcciones”.  (p. 82)
            Por su parte, otra teoría de liderazgo es la transaccional.  Establece premios de acuerdo al rendimiento de los empleados.  De igual forma, enfatiza en el compromiso mutuo de la organización y los seguidores.  En el liderazgo transaccional es importante el valor cuantitativo de los resultados y está enfocado en los objetivos.  Igualmente, el trabajo es valorado y remunerado.  Entre las desventajas que presenta se destacan:  a)  es efectivo mientras dura el intercambio entre la organización y los miembros; b)  el líder es un ente pasivo que sólo actúa cuando no se obtiene los resultados; y c)  la relación entre el líder y trabajador es impersonal.  Contreras y Barbosa (2013) señalan que el líder transaccional “planea y genera las estrategias para garantizar el cumplimiento de los procesos que llevarán al resultado deseado”.  (p. 159)
            El exponente considera que a raíz del análisis de las teorías de liderazgo transformacional y transaccional se puede concluir que ambas promueven características indispensables para una toma de decisiones eficaz.  Ambos estilos de liderazgo presentan alternativas complementarias para atender con éxito las distintas situaciones o dilemas organizacionales.  En ese contexto, Almirón, Tikhomirova, Casandra y García (2015) plantean que:
“…lo ideal es implementar ambos tipos de liderazgo (transaccional y transformacional), haciendo referencia a cada uno de ellos dependiendo de los propósitos de la organización; debiendo considerar la funcionalidad que cada estilo conlleva, aplicando uno u otro, en mayor o menor medida puede ser lo más efectivo para la organización, debido a que ésta no se debe centrar únicamente en los propósitos de uno de ellos, así intercalando ambos se podría lograr, con más eficacia, los objetivos individuales y colectivos en las organizaciones”.  (p. 26)
            El artículo expone la necesidad de poseer entornos escolares enfocados en la toma de decisiones que promuevan un clima educativo enmarcado en la justicia, la tolerancia, el respeto y la inclusión.  Rodríguez (1999) plantea la importancia que tiene la integración de todos los componentes escolares para lograr las metas institucionales.  También, expone que es indispensable crear en el alumnado un sentido de responsabilidad para la toma de decisiones, valorar la perspectiva de otros y utilizar el diálogo como herramienta eficaz en su convivencia social.  Sin dudas, existe una necesidad de crear en el alumnado una valoración moral al momento de resolver dilemas o conflictos para lograr un ser humano íntegro.  Cónsono con lo expuesto, Lazarte (2005) destaca que “una característica de la comunidad justa es que la vida de la escuela gira en torno al consenso”.  (p. 139)
            La toma de decisiones en los escenarios educativos es determinante para una educación vanguardista.  Por tal razón, el exponente concurre con los planteamientos del artículo.  Evidentemente, es necesario lograr entornos escolares colaborativos en los que todos los componentes educativos sientan la responsabilidad de formar parte en la creación de un clima organizacional justo e inclusivo.  Por ende, es indispensable concienciar en los centros docentes sobre la importancia de una toma de decisiones compartida y colaborativa.  Indudablemente, un clima educativo que involucre a todos en la solución de problemas, la búsqueda de nuevas alternativas educativas y el desarrollo de un ser humano íntegro, promueven el sentido de pertinencia y el éxito escolar.  Conforme con este planteamiento, Zorrilla (2008) expone que:
“...se tiende a asociar toma de decisiones con los niveles superiores de autoridad que correspondan en cada país o región a la estructura de su sistema educativo.  Sin negar la especificidad de la toma de decisiones en este nivel, no podemos olvidar que existen otros niveles de toma de decisiones cuyo impacto en el aseguramiento del derecho a la educación de calidad para todos es innegable”.  (p. 135)
            Todo escenario educativo requiere que su líder modele y ostente un estilo de liderazgo eficaz.  Las teorías de liderazgo transaccional y transformacional presentan características que un líder educativo puede implantar para un entorno escolar exitoso.  En primer lugar, el líder educativo debe involucrar a todo el personal escolar en la solución de problemas a través de un amplio proceso participativo y democrático en la toma de decisiones.  En ese sentido, la teoría de liderazgo transformacional plantea la importancia que los miembros de la organización se sientan parte del proceso decisional y su motivación es un factor determinante en el desempeño institucional.  Por su parte, Figuerola (2011) expresa que el liderazgo transformacional “opera con la base de cambiar la motivación regular basada solamente en la recompensa para llevarla al compromiso con las metas, las personas y la organización”.  (p. 2)
 Asimismo, el líder educativo debe procurar la disciplina en el logro de las metas y objetivos propuestos en la institución.  Desde esta perspectiva, la teoría de liderazgo transaccional plantea que toda organización debe enfocar sus esfuerzos en el logro de metas y objetivos con sentido de dirección.  En este aspecto, Figuerola (2011) revela que “los líderes transaccionales se concentran en el presente y son muy buenos para conseguir que la organización funcione sin problemas y con eficiencia”.  (p. 2) De igual manera, tal como expone la teoría transaccional, la planificación y el enfoque en el logro de las metas y objetivos garantizan un entorno educativo eficaz.  Por consiguiente, el líder educativo debe guiar su institución a una planificación estratégica fundamental para una toma de decisiones efectiva.  Finalmente, los constantes cambios en los contextos sociales inciden en los escenarios educativos.  En ese sentido, el líder educativo debe propiciar que su institución asuma una actitud de cambio para atender esa influencia social.  La teoría de liderazgo transformacional asume que el líder debe preparar su organización para enfrentar el cambio.  Figuerola (2011) expone que “el liderazgo transformacional se caracteriza por la capacidad para producir cambios sustantivos”.  (p. 3)

Referencias
Almirón, V., Tikhomirova, A., Casandra, A. & García, J.  (2015).  Liderazgo
transaccional vs. Liderazgo transformacional.  REIDOCREA.  4(4).  24-27.  Recuperado de http://digibug.ugr.es/handle/10481/34629#.VlT_kvkvfIU
Bolívar, A.  (2010).  El liderazgo educativo y su papel en la mejora:  una revisión actual
de sus posibilidades y limitaciones.  Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad.  9(2).  1-12.  Recuperado de http://www.psicoperspectivas.cl/index.php/psicoperspectivas/article/view/112/140
Contreras, F. & Barbosa, D.  (2013).  Del liderazgo transaccional al liderazgo
transformacional: implicaciones para el cambio organizacional.  Revista Virtual Universidad Católica del Norte.  39.  152-164.  Recuperado de http://redalyc.org/articulo.oa?id=194227509013
Figuerola, N.  (2011).  Liderazgo transaccional y transformacional.  Las dimensiones del
liderazgo.  Recuperado de https://articulosbm.files.wordpress.com/2011/10/liderazgo-transaccional-y-transformacional.pdf
Lazarte, A.  (2005).  Más allá de una “comunidad escolar justa”.  Recuperado de
http://dadun.unav.edu/bitstream/10171/8871/1/Nb.pdf
Lorenzo, M.  (2005).  La función de liderazgo de la dirección escolar:  una competencia
transversal.  Enseñanza.  22.  193-211.  Recuperado de
http://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/70773/1/La_funcion_de_liderazgo_de_la_direccion_.pdf
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Revista Complutense de Educación.  7(2).  249-259.  Recuperado de 
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=150197
Vázquez, A.  (2013).  Interdependencia entre el liderazgo transformacional, cultura
organizacional y cambio educativo:  una reflexión.  RINACE.  11(1).  74-91
Recuperado de http://www.rinace.net/reice/numeros/arts/vol11num1/art5.pdf
Zorrilla, M.  (2008). La investigación sobre eficacia escolar:  un ingrediente para la toma
de decisiones de mejora de la escuela y del sistema educativo.  En Eficiencia escolar y factores asociados en América Latina y el Caribe.  Recuperado de

http://unesdoc.unesco.org/images/0016/001631/163174s.pdf

jueves, 18 de febrero de 2016

Las TIC y la importancia de la protección intelectual en el escenario educativo

Por:  Heriberto Rodríguez Adorno

La tecnología ha influenciado consistentemente en la educación en los últimos años.  Por ende, es necesario reflexionar sobre su contribución en el quehacer educativo, las consecuencias por el uso inadecuado y la aceptación por los componentes escolares como herramienta de vanguardia.  De acuerdo a Edel (2010):
“La comprensión de la virtualización en el proceso educativo y la apropiación y transformación de la virtualidad educativa, demanda profundizar en la naturaleza de los entornos diferenciados y/o emergentes de aprendizaje, dimensionar la contribución de “lo virtual” para la innovación educativa y valorar su impacto en los procesos educativos”.  (p. 9)
La integración de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en el escenario educativo supone un compromiso inquebrantable para lograr una educación de calidad.  En ese sentido, Benítez (2012) expone que “los procesos educativos se ven influenciados por una variedad de retos emergentes para el liderazgo por razón de las transformaciones sociales que inciden en las prácticas educativas y en la ejecución de los estudiantes”.  (p. 19)  En consecuencia, se requiere la inmersión de todos los componentes educativos para lograr sistemas de educación exitosos.  En ese contexto, Borges y Vizono (2014) plantean que la “sociedad del conocimiento requiere nuevos modelos para adecuar la formación a las necesidades de la sociedad que gracias a las TIC presentan un panorama distinto a la manera de actuar, de relacionarse y de aprender que conocíamos hasta ahora…”.  (p. 422)
            En la actualidad, una tecnología emergente en los entornos educativos es el Internet.    Esta herramienta ha permitido un acercamiento de la información para beneficio del aprendizaje.  Pérez y Florido (2003) concluyen que el “Internet es una poderosa herramienta para ayudar a la difusión del conocimiento y la educación, de hecho, es una de las mayores fuentes de información disponible.” (p. 2)  Por consiguiente, es indispensable hacer uso correcto de esta herramienta como recurso educativo para apoyo en el proceso de enseñanza y aprendizaje.  Desde esta perspectiva, el Internet contribuye a transmitir el conocimiento y a potenciar la educación con nuevas modalidades de enseñanza.  Sin embargo, el uso indebido del Internet representa consecuencias nefastas para cualquier entorno educativo.  Por lo tanto, es importante asumir responsabilidad respecto a la protección intelectual a través del uso del Internet y salvaguardar los estándares éticos y morales.
            La protección intelectual garantiza el derecho a una persona a disponer, como mejor entienda, de su creación mental publicada a través de investigaciones, escritos u otros.  Gamba y Escobar (2013) plantean que “el titular de ese derecho de uso puede disponer de su obra protegida por la propiedad intelectual y tiene la facultad de prohibir o modular las formas en las que otras personas dispongan de su obra.” (p. 6)  Por consiguiente, en el ejercicio de la función educativa, todos los componentes deben garantizar el derecho de proteger intelectualmente a quienes brindan sus conocimientos, investigaciones y opiniones sobre un tema en particular.  El proceso educativo en un centro docente debe procurar la utilización de fuentes de información de manera responsable y asertiva que conduzcan a un verdadero aprendizaje.
            El estudio de una situación pedagógica en un plantel escolar presenta al director impulsando la utilización del Internet como fuente de información en la sala de clases.  Los maestros acogen el proceso innovador que se quiere llevar a cabo en el centro escolar.  Sin embargo, en el proceso de investigación en acción para constatar el funcionamiento del proceso, el director escolar se percata que los maestros están violando los derechos de leyes sobre protección intelectual.  Esto se debe al mal manejo de la búsqueda de información en Internet.  Ciertamente, esta situación suscitada en un plantel escolar tiene varios puntos preponderantes.  En primer lugar, la violación a la ley de protección intelectual representa la controversia más neurálgica de este caso.  En Puerto Rico la Ley 55 del año 2012 conocida “Ley de Derechos Morales de Autor de Puerto Rico” define el derecho de autor como:
“el conjunto de derechos que la ley reconoce al autor sobre obras que ha producido con su inteligencia, en especial los que de su paternidad le sea reconocida y respetada, así como que se le permita difundir la obra, autorizando o negando en su caso, la reproducción”.
            Otro punto preponderante es la responsabilidad del líder educativo en la protección intelectual en su plantel escolar.  En ese sentido, en un escenario educativo debe existir la garantía de una educación enmarcada en los más altos estándares éticos y morales.  Desde esta perspectiva, el líder educativo debe promover los valores de integridad, respeto y civismo a través de una supervisión efectiva de todo el quehacer educativo.  Sin dudas, la comunidad escolar debe ser dirigida por un líder que ostente un estilo de liderazgo eficaz para lograr las metas establecidas a través de los distintos proyectos implantados en la institución.  En este contexto, Carda y Larrosa (2012) concluyen que:
“La persona llamada a asumir la dirección debe ser vista por la comunidad educativa con las cualidades precisas para satisfacer sus necesidades y conseguir sus aspiraciones.  Las cualidades se refieren a las actitudes adoptadas ante las situaciones conflictivas que se presentan, a la formación específica y a la capacidad de liderazgo para poder cumplir con las funciones directivas.  Habilidades y conocimientos profesionales que le capaciten para coordinar, gestionar, informar, controlar y asesorar a padres, profesores y alumnos”.  (p. 241)
De igual manera, otro planteamiento que se desprende de la situación pedagógica es la carencia de desarrollo profesional del docente.  Existe una necesidad apremiante de maximizar el desarrollo profesional del docente con las estrategias, recursos y metodologías esenciales para la efectividad del aprendizaje.
            La situación conflictiva presentada se traduce a la violación de leyes que garantizan el derecho de un autor y cómo el líder educativo enfrenta dicho dilema para resolverlo responsablemente.  Evidentemente, los docentes con su acción incorrecta pueden crear un clima educativo perjudicial para el alumnado y asumir riesgos que atentan contra una educación de calidad.  De esta forma, es importante determinar la preparación de los docentes para enfrentar la influencia tecnológica a través del uso correcto del Internet.  Por lo tanto, el director tiene la responsabilidad dentro de sus funciones docentes y administrativas de establecer una planificación estratégica que comprenda la utilización del Internet en la sala de clase como herramienta educativa.  En ese contexto, Tello y Aguaded (2009) plantean que:
“Con la integración de las tecnologías de la información y la comunicación en los centros educativos, además de las nuevas funciones socializadoras que se le están requiriendo al profesorado, es preciso vehicular estrategias que permitan adecuar la labor docente a los retos sociales en la actualidad. En esta línea de adecuación, entendemos por desarrollo profesional docente toda actividad en la que el profesorado se implica para alcanzar mayores cotas de buenas prácticas docentes; desde este punto de vista la formación permanente juega un papel crucial”.  (p. 31)
            En la solución de la situación planteada, el director escolar tiene la obligación de conocer las leyes, reglamentos y normas que rigen el quehacer educativo.  Para este caso es indispensable comprender e implantar los estatutos de la ley Ley 55 del año 2012 conocida “Ley de Derechos Morales de Autor de Puerto Rico para garantizar la protección intelectual.  En adición, el cumplimiento legal de la Ley 55 de 2012 fomenta un clima educativo enmarcado en los más altos estándares éticos y morales.  Cabe señalar, que los docentes deben contribuir a desarrollar seres humanos íntegros, justos y civilizados.  En ese contexto, el proceso de utilización del Internet como fuente de información debe ser fundamentado en el respeto al intelecto de quienes han dispuesto su trabajo para fines investigativos, educativos o de cualquier otra índole. 
            Para el líder educativo es fundamental promover la protección de la propiedad intelectual en su escenario educativo.  Por ende, debe ostentar las destrezas para orientar y guiar a todo su equipo de trabajo y evitar violación a los derechos y leyes que cobijan la propiedad intelectual.  Sin dudas, mantener un centro educativo orientado en esa dirección evita un manejo inadecuado de la utilización del Internet como una fuente valiosa de información.  Además, garantiza un proceso de enseñanza adecuado y genuino.  Para López, Álvarez y Hué (2010) “los líderes contribuyen indirectamente al aprendizaje de los alumnos, a través de su influencia sobre otras personas (sobre todo, profesores y familias) y a través de la creación de un clima de trabajo ordenado”.  (p. 59)
            La garantía de una buena utilización y un adecuado manejo de la tecnología suponen de estrategias que todo líder educativo debe implantar.  En primer lugar, permitir el continuo desarrollo profesional de los docentes a través de dos talleres durante el año escolar sobre el buen manejo del Internet.  En ese contexto, Tello y Aguaded (2009) concluyen que “los programas de formación del profesorado deben estar en consonancia directa con la labor que los docentes tienen que desarrollar de manera que tengan repercusión positiva en la mejora de la calidad de la enseñanza”.  (p. 32)  Por su parte, otra estrategia es el establecimiento de planes de trabajo dirigidos a la implantación de proyectos tecnológicos atemperados a la realidad del escenario educativo.  Dicha planificación debe estar basada en los elementos importantes de la institución:  infraestructura, dominio de los docentes en el área tecnológica, aprovechamiento académico del alumnado y la receptividad a los acelerados cambios sociales.  Para Palomino (2008) “una organización necesita  utilizar las herramientas de un plan estratégico para poder adecuarse al nuevo marco de una sociedad globalizada, de mercados dinámicos, de rápidos cambios tecnológicos y del surgimiento de nuevas expresiones identitarias, dentro de la cual se encuentra inmersa”.  (p. 13)
            El proceso efectivo de supervisión comienza en primera instancia por difundir las estrategias para evitar violar los derechos de autor y conservar la protección intelectual.  Es indispensable que el líder educativo conozca a cabalidad las ejecutorias de sus docentes y los procesos educativos que se llevan cabo en su institución.  En ese sentido, las visitas a la sala de clases, las entrevistas a los estudiantes tanto formales como informales, la interacción con el maestro y el contacto con los padres son sólo algunas de las herramientas que posee un director escolar para establecer un proceso de supervisión adecuado y corroborar la efectividad del plan estratégico.  Asimismo, otra estrategia que el líder educativo puede utilizar para una responsable protección intelectual es la amplia y abierta discusión con los docentes sobre las leyes que protegen el autor.  Evidentemente, antes de llevar a cabo una planificación sobre tecnología e Internet el docente debe conocer los alcances legales sobre la protección intelectual y así garantizar su fiel cumplimiento.  De igual manera, es necesario que se establezca un comité compuesto por el director, trabajador social y el bibliotecario escolar para realizar evaluaciones periódicas sobre los programas tecnológicos implantados en el plantel.
            Ciertamente, el líder educativo debe incrementar las destrezas de uso y manejo del Internet.  Los constantes cambios en los contextos sociales inciden en los escenarios educativos.  Por ende, el líder debe ser vanguardista y atemperar su institución a las necesidades de su alumnado.  Sin dudas, esto requiere una constante inmersión en el ámbito tecnológico a través de un profundo y constante desarrollo profesional.  Para Benítez (2012) “los escenarios educativos se transforman por la tecnología, que será el instrumento mediador para nuevas experiencias de formación como el uso de la Internet y de redes”.  (p. 22)  Asimismo, debe estudiar los proyectos tecnológicos implantados en otras instituciones y que han sido exitosos para conocer el proceso de planificación, implantación y evaluación.  De igual manera, el líder debe procurar conocer cuáles son las debilidades de su centro educativo para subsanarlas e implantar estrategias innovadoras que puedan llevarse a cabo exitosamente.  Finalmente, la protección intelectual es un derecho garantizado por leyes y normas que toda institución educativa debe respetar, comprender e implantar.  Todo proyecto tecnológico a través del Internet debe contener una garantía de cumplimiento con los derechos de autor y proteger la intelectualidad que una persona haya compartido con fines educativos, investigativos o de cualquier otra índole.
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competencias interdisciplinaras:  Implicaciones para el liderazgo educativo.  (Disertación doctoral publicada).  Recuperado de ProQuest Dissertations and Theses (3509724)
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